de Rubén Bonifaz Nuño
Desde la tristeza que se desploma,
desde mi dolor que me cansa,
desde mi oficina, desde mi cuarto revuelto,desde mis cobijas de hombre solo,desde este papel, tiendo la mano.****el que dice adiós, el que viveYa no puedo ser solamente
de separaciones tan desnudasque ya ni siquiera la esperanzadejan de un regreso; el que en un librodesviste y aprende y enseñala misma pobreza, hoja por hoja.**puedan conocer mi domicilio,Estoy escribiendo para que todos
por si alguno quiere contestarme.****que esto es lo que pasa: estamos enfermosEscribo mi carta para decirles
del tiempo, del aire mismo,de la pesadumbre que respiramos,de la soledad que se nos impone.****Yo sólo pretendo hablar con alguien,
decir y escuchar. No es gran cosa.
Con gentes distintas en aparienciacamino, trabajo todos los días;y no me saludo con nadie: temo.****Entiendo que no debe ser, que acaso
hay quien, sin saberlo, me necesita.
Yo lo necesito también. Ahoralo digo en voz alta, simplemente.****Escribí al principio: tiendo la mano.
Espero que alguno lo comprenda.
Los demonios y los días, 1956

Comentarios
Esta noche de trenes,
de poblaciones emigrando,
de corporales sueños, de violadas
respiraciones en la arena
movediza del viaje, lo recuerdo.
(Fue, tal vez, necesario el incipiente
amor; callar a solas con extraños,
y las cosas más tiernas,
mientras la boca se endurece
y una crecida barba, de cadáver
reciente, me prolonga.)
Y sin embargo, cuántas veces
te habrán reconocido; por los ojos,
o por la ausencia que dejaste;
por el cabellos sobre el hombro, al irte,
y el andar que descubre lo que eras.
Pues sé que nos pusieron,
al nacer, otro nombre, y un camino
que recorrer, y un tren para el camino.
Un tren sonámbulo que huye,
en dirección opuesta, irreversible,
de los que cruzan ya perdidos;
por un saludo heridos ya de muerte,
marcados para siempre, señalados;
buscadores de un signo en la mazorca
muchedumbre de rostros.
Y todo esto sin falta, aconteciendo;
todo pasando,
todo viniendo y alcanzando y yéndose.
Amiga, no me olvides; no me olvides,
amigo; no te pierdas, espérame.
Como a la máscara del baile,
vengo de lejos a ocupar mi cara;
por detrás y en silencio, a mis balcones
lacrimales, al sabor de mi boca,
al olor de las cosas que esperabas.
Estoy sin tierra firme; estoy saliendo,
a donde quiero, de estas últimas
lentas horas del viaje que termina;
sombra larguísima, pantano
de silbatos, de ruedas que repiten
su palabra distinta a cada uno;
estaciones mendigas, como fechas
alumbradas apenas, donde duele
lo que se aprende dormitando.
No me olvides, espérame.
Yo, el de las cartas sin destino;
el de palabras no creídas,
el que siembra en lo oscuro, te lo pido.
Rubén Bonifaz Nuño, "Fuego de pobres".
Saludos y gracias por pasar =)