No entré a la lectura de Efraín Bartolomé porque -para variar- me pusieron a vender los libros afuera. Además la sala de la Casa del Escritor estaba a reventar, siempre que está así hace demasiado calor y parece que dura demasiado. Sin embargo, Q logró entrar a la mitad y le dije que sacara fotos. Me contó que la lectura fue estupenda, hubo una especie de ambientación especial y proyección de algo, por más que me asomé de puntitas no logré ver nada. Los libros -a pesar de los precios y de que medio mundo se quejó (¡conmigo! como si la ganancia fuera para mí, como si yo hubiese puesto los precios)- se vendieron muy bien, casi todo fue bien con ese asunto -a excepción de un incidente provocado por algún lacra malhora que se apareció por ahí, pero el karma se lo cobrará- (incluso podría obtener un trabajo en un futuro si es que IT pone su librería). Da gusto que grandes poetas como Bartolomé logren tanta asistencia. El poeta estaba contento, irradiaba exceso de buena vibra, supongo que así es siempre... Curiosamente los dos chavos que hablaban de Góngora y Quevedo en el autobús en el que regresé a Puebla estaban también en la lectura, los saludé muy naturalmente porque estaban con la banda, creo que también me reconocieron del AU, tan chiquito es el mundo que hasta se estaban quedando en casa de A y V, sin embargo me equivoqué con su edad porque sí pasaban de los veinte, hablaban así de Góngora y Quevedo porque son estudiantes de literatura en el DF, así que el encanto de que fueran hablando así de poesía se perdió un poco, aunque su naturalidad y poca pretensión al hablar del tema hacen que se conserve la peculiaridad... La siguiente lectura en dicho recinto será -ahora sí- la del chileno Omar Lara, luego posteo la fecha. Mientras dejo un poemita de mi nuevo libro =)

No me importan

la árida sequedad de la garganta ronca

Ni pólvora ni arena

Ni dientes de metal que rechinan contra una piedra negra

Ni una vaina vacía ni un tambor

de cuero roto

Tu lengua hace vivir lo que pronuncia

Y yo quiero que pronuncies la Vida:

No quiero de su hermana la dulce paz que vierte

Siente mi corazón: es tu cautivo:

un corazón tan vivo que asustaría a la Muerte.

Efraín Bartolomé

de Partes un verso a la mitad y sangra

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