El viernes me acordé de la película de Tom Hanks en la que se queda atrapado en un aeropuerto, ¿cómo se llamaba? Me sentí un poco así, sólo un poco, pues estuve ahí prácticamente todo el día y no salí para nada, llegué a la terminal terrestre y me regresé también desde ahí... Fue un día extraño, más extraño que los que usualmente he vivido en ese aeropuerto. Lo que también fue muy extraño fue encontrarme a cierto personaje que hacía mucho tiempo no veía (desde que iba al collhi), lo vi a lo lejos en el área de comida, iba vestido con la camisa amarilla que siempre traía puesta, sus pantalones caféverdosos de vestir, un sombrero como de explorador que tenía muchas banderitas, cargando con la joroba de siempre y la cabellera blanca, la mano izquierda metida en el pantalón, mirando curioso a todos lados, examinándolo todo, mirando fija y descaradamente a la gente que pasaba junto a él. Él no me había visto, eso es lo que creo, pero cuando de reojo noté que me había visto sentada entre la multitud comenzó a acercarse a la mesa en la que estaba platicando eufóricamente con mi madre y mi tía, iba directo hacia nosotras, así que yo me concentré en los ojos de mi tía, así como si les estuviera contando algo de extrema importancia, le daba sorbos vehementes a mi café, hablaba, no miraba a otro lado, entonces pasó, me miró pero no alcé la mirada, todo pasó como si él no hubiera pasado por ahí, se fue por detrás, yo disimulé muy bien porque ni mi madre ni mi tía se dieron cuenta... Cuando fui por otro café medio lo busqué en las mesas, pero no se veía, quién sabe a dónde iba, o a qué iba, llevaba una especie de maletín, así que pensé que viajaría a algún lugar y ya había documentado su equipaje, así que sólo estaba haciendo tiempo en lo que se metía a la sala de abordaje. Se veía bastante repuesto, no tan flaco como las últimas veces, ya no tenía cara de enfermo, nada de cáncer en sus facciones. Me sentí ingrata por no querer saludarlo y me dije que si lo volvía a ver tal vez ahora sí lo saludaría, jo, sólo tal vez. Siguió la espera en el aeropuerto, y pasó mucho tiempo, cuando bajamos al banco lo volví a ver a lo lejos, entonces inconscientemente me moví, luego me pregunté de cuándo a acá tomaba esa poblana actitud de no querer saludar a un viejo maestro (que tanto disgusto, odio, admiración, risas, fastidio, etc. me provocó), así que caminé hacia donde vi que estaba curioseando, pero ya no estaba, tal vez subió al área de comida o salió del aeropuerto, pensé. Mi tía se fue y yo seguí esperando con mi mamá. Esta vez la espera no me desesperó tanto como otras veces. Llegó la hora y nos despedimos, entró a la sala, yo corrí a comprar cinabons para el camino y el cafecito del otro día, volví a ver a P deambulando a lo lejos, con la mirada hacia todos lados, la boca fruncida, y la mano en el mismo lugar de siempre. Me apresuré a tomar el siguiente autobús a Querétaro, no dejaba de pensar en qué estaría haciendo ahí solo todo ese tiempo, iba, venía, a quién esperaba; también imaginé la conversación incómoda que habría surgido de saludarnos, me preguntaría por la tesis, me diría que una profesional planetaria ya debería de estar titulada o quelquechose del estilo, concluí que lo mejor fue no saludarnos porque si no me hubiera ido más triste de lo que ya estaba...

Comentarios

Renato dijo…
Vientos, supuse desde el primer momento (antes de que dijeras lo de panhispánico) de quién se trataba. ¿Sabes? Ahora me siento hasta un poco triste. ¿Por qué no lo saludaste? Hasta se acerco a tu mesa!! La verdad hubiera estado lindo saludarlo. Sólo decirle "hola, todo bien -engañarlo un poquito -sí, ya pronto me titulo, muchas gracias. ¿Usted? Supe que estuvo enfermo. Qué bueno que está mejor. Hasta pronto, gracias, prof."

Sólo digo que pudo estar lindo...
Sonic Reducer dijo…
Por algo los aeropuertos son edificios para decir: "Hasta luego y buen viaje". Creo que hiciste bien en no sacar a relucir el equipaje del pasado.
G Velázquez dijo…
Pues no sé, sí, tal vez pudo estar lindo, pero también pudo estar feo. No sé si sepas, Ren, pero siempre tuve la capacidad de hacer sentir mal a P, no a propósito, inconscientemente, y bueno no fueron tantas veces (creo, ya sabes que no puedo evitar hacer caras), la ocasión que recuerdo con más claridad y me sigo sintiendo mal cuando me acuerdo fue un día cuando en uno de sus blablablás habló de la importancia de los abrazos: Jóvenes, la abrazoterapia está científicamente comprobado que funciona, así que abracen a todos en su casa, a ver, Ronchas, dime, cuántas veces al día te abrazan, y a ti, chica atrapada en los noventas, o a ver tú, niña enfermiza dime, cuántos abrazos das al día... A ver Gina, prende la súper pentium, dime, dime, dime. Y entonces Gina contestó: pues yo no abrazo ni recibo abrazos antes de salir de mi casa ni al regresar. Él: cómo, pero si eso está muy mal, por qué! G: Pues porque vivo sola. Silencio y cara de ooops, ya no me acuerdo qué pasó después. También sospecho que lo dije con tono cortante y con jetota (era jueves y yo ya llevaba toda la semana chutándome sus clases, además quien estuvo en clase con él sabe lo fastidiosas y eternas que pueden llegar a ser sus clases), lo cual seguro empeoró las cosas. La clase se estaba acabando, todos se fueron y al final cuando le entregué las tareas o algo así (pues yo era la, cómo denominaba eso?, jefa de grupo? representante?, bueno eso, yo era la mensa que pasaba lista, recogía tareas, organizaba el Yoloxóchitl, y demás menesteres de Didáctica de la Lectoescritura) se disculpó y dijo lo apenado que estaba, que él no tenía ni idea, que blá; sí se veía afectado, seguro nunca se acordó de lo que dice la teoría pedagógica "atender las características particulares de cada alumno", o eso que nos decía Quiroz, no sé, yo sólo mascullé un: ah, no importa, y salí corriendo de ahí antes de que quisiera darme un abrazo... Y nada, esa es una de las historias, entonces ves, tal vez no pudo ser del todo lindo... Además en el camino de regresó divagué mucho en la tristeza que me da pensarlo siempre tan incomprendido y tan clavado en las cosas que se clavaba, en su rígidez, en todo lo que se dice de él o alrededor de él, puff, tanto qué decir al respecto...

"Hasta luego y buen viaje", jo, creo que nunca he utilizado esa frase para despedirme en los aeropuertos, ni el buen viaje solo... Qué mal educada soy...

Buena semanilla para ambos.
Unknown dijo…
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