Una tarde, dos expertos -uno soviético, el otro norteamericano- abandonan en los suburbios de Río de Janeiro la morada de un amigo e, internándose en el bosque de Tijuca hasta las proximidades de una de esas cascadas antes las cuales, en ciertas temporadas, los africanos de Brasil celebran el culto de Yemanja con altarcillos hechos de paquetes de cigarros, de velas, o se entregan a figuras de danza que lindan muy cercanamente con el trance, se detienen sorprendidos y, a una sola voz, pregunta: "¿Eso para qué sirve?"
Eso, desde luego, no sirve para nada: lo sagrado no sirve para nada, el amor y el placer no sirven para nada, ¡lo imaginario no sirve para nada! E incluso en las sociedades cuyos representantes son aquellos "expertos" se abre una inmensa región de actos lúdricos que ellos no pueden conocer, región sin duda en parte clandestina, pero más desbordante de lo que piensan. No es en absoluto merced a una revolución concebida mediante conceptos racionales de Occidente como el mundo cambia o cambiará, sino gracias al surgimiento de lo inútil, de lo gratuito y del inmenso flujo del juego..."
Comentarios
-cerati-
"fluir sin un fin
mas que
fluir sin un fin
mas que
Saludotes