Lo que pasó antes:
incertidumbre, boletos agotados, frustración, impotencia, tristeza, desesperación, resignación, intentos de autoconvencimiento, pensar no es para tanto, boletos chafas, más desesperación, blasfemias contra revendedores, ticketmaster.
Altibajos constantes:
muero por ir, tal vez por algo no voy a poder ir, iría hasta con la persona más desagradable del planeta [aunque afortunadamente no fue así], tengo que ir, da igual si ya lo vi en junio, cómo demonios conseguiré un boleto, con quién voy a ir, no tengo dinero para estar gastándolo en eso, y si voy sola, me da lo mismo ya, podría hablarle a mi primo Forrest, sí tal vez esté enferma, es algo irrepetible que no puedo perderme, blablablá...
Domingo: 11 pm. Los milagros suceden de vez en cuando. Los mejores boletos que pude haber conseguido.
Lo que pasó hoy después de las 7.00 pm:
carreras contra el reloj, cajero que no sirve, ejecutivos histéricos en las calles, escaleras eléctricas apagadas, hora pico, gente igual de desesperada por llegar, irse, regresar, encontrarse, correr y correr, dos kilos menos, correr, llegar tarde por causas de fuerza oficinista -yo por eso no trabajo, para no llegar tarde a los conciertos-. Por fin llegué, asiento perfecto: menos de diez metros del escenario sin cabezones enfrente, ni Skippers, ni bocinas, ni nada nadita que tapara el panorama.
Los Tres:
Abrieron con Torre de Babel y yo no los escuché, qué hacer, nada, sacarle provecho al tiempo restante. Escucharlos tan alegres y simpáticos como ellos solos, admirar el baile del panderero, gritar y cantar con los Tacvbos que se dejaron caer con Los Tres [fue bueno saber que siguen vivos], fue un excelente principio de la feliz noche.
Zoé:
Divos y rock stars. Qué bárbaro baterista. Andrógino vocalista, me recordó al barman del Venus. Su onda azul, cool y pegajosa me trajo un nombre a la mente, mientras escuchaba y disfrutaba bastante, comencé a inventarme un recuerdo que no tenía [Zoé en Puebla hace un año, evento al que alguna vez por cierta idea de alguien asistiría, imaginé ese concierto al que no fuimos y en el que hubiéramos escuchado la canción presagio (cántese con tono meloso: En tu planeta me quedé, fue por un tiempo y nunca fue mi plan, pero mi nave se averió, y ahora estoy perdido aquí, en mañanas con tres soles, y múltiples visiones, montañas transparentes, anémonas de luz, partículas de amor y recuerdos de ti...)]. Fue un buen recuerdo, como todos esos...
Broche de oro predecible:
Cerati, su pantalón de cuero y sus chinos alborotados, me preguntaba con qué sorprendería esa noche, comenzó llevándonos al extremo, no pudo ser nada mejor, luego experimenté algo así como un déjà vu reloaded, mi sorpresa fue que no había sorpresas y el formato era similar a lo que había visto en junio, líneas blancas y negras hipnotizantes, luces blancas; por la cercanía, el momento distinto, mejor vibra y ambiente, más energía, y porque es él, no importó, yo creo que a nadie, fue fascinante escuchar otra vez los momentos catárticos [como té para tres, poseídos, bomba de tiempo, adiós, toma la ruta, paseo inmoral, et cetera] y las variables agradables [versión rock de Vuelta por el Universo]. Los adjetivos para esta noche: prodigiosa, excelente, extraordinaria, estupenda, fantástica, fascinante, admirable, magnífica, sublime, insuperable.

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