Todo lo que diga está de más...
Me encanta cómo se ve Fito de amarillo, le va bien, también sus chinos, barba y canas, cuando se contorsiona y canta agudo, sus espasmos al tocar el piano, su apasionamiento arrebatado en el escenario, cómo dice/canta puta ciudad, las historias que cuenta, pero sobre todo sus letras de amor [y des-]. Esta vez no estuve en un lugar tan bueno como en mi primer concierto páez-iano, cuando en el 2002 fue a Querétaro, las bocinas me dejaron sorda -qué raro-, brincoteaba viéndolo desde la primera fila volverse loco y observaba a algunos chicos tec sentadotes junto a mí con cara de: güeeeey qué vine a hacer aquí, cuándo canta la de Nicho? (chicos tec, no offense)Esta vez los lugares fueron lo de menos, lo importante era estar ahí, a pesar de los pesares.
Fito es garantía de alegría, energía, gritos, canciones difíciles de cantar al unísono, pura buena vibra. El lugar estaba a reventar, lleno de seguidores auténticos a quienes puso de pie desde el principio [detalle que a veces cuando se le ocurría cantar en el filo del escenario dificultaba la visibilidad a tooodos los que estábamos arriba]. Él no sale con el cuento de recitar todo el disco nuevo y luego las viejitas, canta alternando de casi todo, consentidas, clásicas, sorpresas, nuevas versiones...
Lo folclórico de la noche fueron las niñas cantoras de San Juanico de las Pitahayas -treinta años y [mjm vaaarios] kilitos después [y sí, eeeeh]- que se encargaron de demostrar [berrenado] a la sección D4, filas 7,8,9,10 y aledañas, qué bien se saben tooodas las canciones, cuán rebozantes de vida están y las razones, más que evidentes, de su salida del distinguido coro, en fin sólo se daban más a notar de vez en vez, digamos cada 5 minutos, gajes de un concierto se vale decir, lo cierto es que nos robaron ciertas sonrisas a los de la zona; lo [mmmm a falta de otro adjetivo] tierno fue el niño como de 5 años que brincaba y medio cantaba, se asustaba cuando las pitahayenses [cuál es el término correcto, que alguien me ilustre] se ponían más locas y parecía que iban a terminar rodando por las escaleras, me pregunto si pagó medio boleto o cómo, qué, y si se acordará en unos años del concierto, sería su primer concierto? era un niño re-lindo...
Mucho calor para cobijar la noche fría, dos horas y media de euforia plena, no sé, me atrevo a decir que un poco más que eso para los que estamos hipersensibles. No se cansó de decir cuánto quiere México y de mencionar cada que podía: tequila... Invitada Susana Zabaleta en el encore -sí, sí, medio encuerada-, entre rechiflas y aplausos, blablablá perredistas, que si esto que si lo otro -qué onda con sus complejos polítiquillos, no es que me caiga mal pero qué al caso con Argentina- cantó Yo vengo a ofrecer mi corazón. Las últimas dos, enormísimas, y nos fuimos.
Gran noche que sobrepasó mi condición abstraída, gran concierto...
Comentarios