Domingo
Me despertó el olor que invadía la casa, no terminaba de abrir bien los ojos cuando llegaron los recuerdos de años atrás, mi soñolienta conciencia retrocedió quince o dieciséis años. Me remití a un domingo de aquel tiempo, cuando me levantaba antes que nadie y prendía la televisión del comedor para tener un ruido de fondo, caricaturas o Chabelo, cualquier cosa era buena para jugar imaginando que era cualquier cosa que se me diera la gana, nada me era imposible, fui todo lo que quise ser, a veces repetía de papel, pero siempre me tomaba en serio lo que iba a ser: maestra, bailarina, conductora de televisión, escritora de cuentos, enfermera, arqueóloga, presidenta, mamá, locutora de radio, niñera de muñecas, pintora –una muy mala-, entre muchas otras cosas… Había veces en las que hacía frío y prefería irme a la cama de mis papás para ahí matar el tiempo viendo la tele, esperando a que los demás despertaran, evidentemente, en esas ocasiones mi espera duraba poco, pues mi mamá ante mi inquieto e involuntario comportamiento se veía obligada a levantarse y comenzar el ritual de los domingos. Era el único día en el que sin excepción desayunábamos los cinco, casi siempre mi madre preparaba sus insuperables hot cakes, inigualables no sólo en sabor, también en forma, pues no eran los aburridos hot cakes redondos y pachones, no no, estos eran especiales nunca eran iguales, tú sólo pedías la figura y Ella, no importando la dificultad, te la ponía en plato: una rana, una flor, un caballo, una nube, una estrella, un elefante, lo que fuera, obviamente la cocinera y el interesado requerían un pizca de imaginación abstracta; realmente era una maravilla poder embarrar una luna –o lo que pidieras- de mantequilla y miel de maple, y luego comértela a mordidas…
Este domingo, de los cinco que éramos, estábamos sólo dos, -más una agregada cultural que estaba embobada en una de las chafas caricaturas de ahora-desayunamos ricos hot cakes redondos y aburridos. No hubo palabras, sólo mucho silencio, añoranza, y muchas ausencias.

Comentarios
qué entereza gina.en realidad duele crecer, pero alguien lo debe hacer ¿No?