
Yo no soy poeta, pero ayer Q fue a comer a casa. Preparé espagueti, él quería ver todos los pasos a seguir para un día de estos cocinarle a Ch. Hacía mucho que no cocinaba así, con tanta calma y tanto gusto, echando el chisme y escuchando historias amorosas enredadas. El poema fue muy
ad hoc. La foto la tomó Q, entre otras que están en el FB. Quedó rico. En algún momento mientras cocinaba y Q leía el poema pausadamente, recordé por un instante prolongado aquél sábado hambriento, cuando regresábamos del centro, cuando fuimos al super por los ingredientes, cuando te compré albahaca y pimienta, cuando no había tomates cherry, cuando escogiste el vino tinto, cuando tuvimos un encuentro inesperado del tercer tipo que fue memorable, cuando llegamos al departamento silencioso y en la cocina angosta, pero larga, comenzaste a cocinar para mí, muy serio, concentrado, como cuando te acuerdas de algún verso o te quedas pensando en no sé qué cosa, cuando preparaste la carne, cuando comimos, cuando me encantó la comida y cuando tú pensaste que no, cuando...
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La casa parece estar
en su justa soledad de una persona.
El poeta remueve bloques
de ceniza silenciosa
entra en la cocina
lugar donde a veces fundamenta
las marcas de un reino fugaz.
Toma la cuchilla de filos dudosos
decapita cebollas resignadas
atomiza el ajo y el cilantro
castra un redondo jitomate rojo
descuartiza calabazas y chayotes
desuella papas que el aceite morderá
y la carne molida es enviada al caldero
y sus fibras chillan abrazándose
a imperfectos trozos ya incendiados.
El puré sanguinolento cunde
por los espacios que las secretas hierbas
van abriendo en una danza
de los aromas y destellos.
Las aguas levantan burbujas sin fondo
y el apretado vapor se desplaza
por vidrios nublados y paredes
de sucia desnudez.
El arroz saturándose de un ardiente
caldo de maíces y aceitunas
se inflama lentamente posado
sobre un fuego que pronto cesará.
Algo siempre falta:
media medida de pimienta
polvo de nuez moscada
tres moléculas de sal.
Siempre algo anda sobrando:
dos gotas de crema transparente
diez segundos de llamas destempladas
un grupo de frijoles de atenuado sabor.
El poeta se aparta
de las salpicadas regiones de trapo
de loza de madera de metal.
Y se afirma a la mesa
frente a un plato blancamente vacío
como un espejo que otra boca
siempre esperada
habrá de contemplar.
Saúl Ibargoyen
Comentarios
Insisto en que eres, de entre todos mis amigos y conocidos escribientes, una de las que mejor escribe cosas así: tan simples y cotidianas, pero que siempre imprimen un atisbo, una fugaz genialidad.
Una banda de jazz a lo lejos se oía
tal ves en un café.
No quisiste bajar, preferiste quedarte leyendo a Apollinaire.
También tomaste fotos, todavía las conservo.
No hace falta que diga que los poetas son muy peligrosos,
debes tener cuidado.
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A mí también me gusta volver a esas cosas todo el tiempo... Todavía recuerdo la página, el poema lo repito de memoria con mal acento, y me acuerdo y me acuerdo y me acuerdo... Espero que se me aparezca pronto, llanero imaginario...