Farewell

"Nunca supe bien por qué, pero una y otra vez volvía a cosas que otros habían aprendido a olvidar para no arrastrarse en la vida con tanto tiempo sobre los hombros. " J.C.
Llevo una semana intentando escribir algo al respecto. La verdad es que -aunque suene a lugar común- no he sabido cómo decirlo. A lo largo de toda la semana he pensado en frases sueltas que me llegan, que cuando me ponía frente a la pantalla desaparecían sin dejar rastro. Supongo que sigo un poco impresionada, noticias como esas siempre caen mal, siempre sorprenden. Es raro todo lo que pasó ese día, desde la noche anterior estuve dando vueltas en la cama sin poder dormir, a pesar de que había sido un viaje largo y estaba muy cansada, no sé si fue por eso, da igual. Ese día en la mañana cuando esperaba ansiosa a quelqu'un vi a un hombre que me lo recordó, caminaba como él, con las manos atrás, cruzadas, con la derecha envolviendo la muñeca izquierda, caminaba un poco inclinado y era viejo, tenía barba, su mirada me pareció triste, parecía que no sabía con certeza hacia dónde iba, tal vez sólo necesitaba ir; así que pensé en él, por la mirada, por las manos, por la forma de caminar, pensé en que debía ir a visitarlo y demás, luego llegó quelqu'un y en cierto momento me preguntó por él. Pasaron dos horas y recibí la noticia, me llamaron de su casa, así que en mi celular apareció la foto que le tomé algún día cuando estaba hablando por teléfono sonriente, hace un año justamente... Regresé a Puebla casi de inmediato, en el camino mientras veía la carretera, medio lloré, medio me reí, medio me enojé, recordé muchas cosas que hasta la fecha sigo recordando constantemente, detalles, momentos, frases, consejos. Sigo sin saber qué siento, sólo sé que duele en alguna parte. Me di cuenta de que mi concepción de la muerte es complicada, creo que no hay consuelos, porque no imagino que esté mejor ni que esté peor -como si eso fuera posible-, simplemente sé que no está y ya. No volveremos a tomar café, ni a encerrarnos en el cine toda la tarde, no escucharé las mismas historias de siempre, no divagaremos de libros ni de películas, tampoco haremos listas de nada, no cantaremos Summertime desafinados ni polemizaremos sobre las 234829483 versiones que existen, nadie más me intentará convencer de que hay que dudar de los argentinos que no están muertos, ya no me hará recordarle la letra de Que reste-t-il de nos amours y no lo escucharé tararear La mer mientras cierra los ojos y yo le voy diciendo qué sigue... Y así podría seguir enlistando un montón de costumbres y rutinas, recordando sus despistes y ocurrencias. Es curioso que cuando estaba en el hospital nos despedimos tantas veces, con tanto miedo, con tanto humor -negro-, con tanta tristeza y nunca pasó nada, y la última vez que lo visité, nos dijimos adiós como si fuera a verlo el siguiente viernes, como si nada... Qué sombrío es perder a un amigo...

Comentarios

Renato dijo…
siempre he creído (de una manera retorcida según el juicio de los demás) que enfrentar a la muerte en la muerte de otros (amigos, familiares o simples conocidos) de una manera errática y con excesivas muestras externas de verídico dolor, no es más que la manifestación de dos cosas 1) que al presenciar esas muertes y reaccionar violenta o dramáticamente, estamos poniendo un espejo frente a nosotros y en realidad estamos sumergiéndonos en la nostalgia de nuestra propia muerte. La única que no podremos presenciar; y 2) que al hacer todo lo anterior, estamos haciendo evidente el egoísmo que nos caracteriza como especie al 'desear-tener-y-no-poder-más' algo que creíamos nuestro, algo (alguien) que era parte de nuestra vida. En resumen estamos mirando cómo, irreparablemente, un trozo de nosotros nos es arrebatado, de una manera un poco infantil. No digo que la muerte de otros no deba ser motivo de tristeza, después de todo, la memoria siempre nos hará malas pasadas y nos veremos envueltos en esa nostalgia doble, la del pasado: la verídica y la del futuro: la que nos figuramos de nosotros mismos.

Sin embargo, el dolor duele y real.
Lesef dijo…
Yo creo que un hombre sabio no pretende saber sobre el dolor de los demás...
LSz. dijo…
Para nosotros, sólo hay una estación: la del dolor. Desde cuévano también sentimos esta despedida.

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