Para la tía Toña ahora la memoria es más tenaz que el presente, ya no me preguntará si sigo en Puebla, ni me recordará cuánto me parezco a mi papá en muchos sentidos, no me relatará historias familiares, nunca volverá a decir que ya se quiere morir y que extraña a Madrina, no contará quién la ha ido a visitar, ni dará razón de la vida de todos, no sollozará cuando nos vayamos; ahora sólo cantará, y contestará monosílabos, nos verá sin mirarnos... Me preguntó qué pensará al irse a dormir, qué sentirá cuando despierta.
El consuelo de todos es que seguro a los 101 años es normal, a mí sigue sin convencerme.
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