-¿Eres tú capaz de olvidarlo?
9.30 am
Luego de varias reuniones fallidas, por fin hoy me vería con mi posible asesor de tesis, no había llegado.
x
9.45 am
Me dijeron que regresara a las 10 ó 10.30, saliendo me encontré con Solisón: que si la beca, que si Sor Juana, que Salvador Elizondo se había muerto anoche. [¡Zaz!] Inefable, silencio, 5 segundos -como la crónica de un instante- [**********************]
Palabras al aire.
x
9.55 am
Llega el asesor, comenzamos a hablar de mi proyecto, mis eufóricas ideas, cómo quiero hablar de Farabeuf, qué quiero decir, y entonces, no puedo evitar interrumpirlo a media frase y decirle: ¿ya te enteraste de que Elizondo murió anoche? Otro silencio, A. me mira pasmado y luego dice algo así como qué lástima, qué impresión, y comienza a pedirme los pocos detalles que tengo al respecto. Continuamos con el proyecto, ofertas interesantes en torno a la tesis, planes...
x
10.15 am
En la 'Rosa Gloria Chagoyán', alias 'Juan Rulfo', leo ansiosa la notica en la Jornada:
Murió Salvador Elizondo, uno de los paradigmas de nuestra cultura
Hace unos días el escritor y su esposa entregaron al FCE su último libro, Pasado anterior
Sus restos serán velados en Gayosso de Félix Cuevas y después serán incinerados
PABLO ESPINOSA, ARTURO GARCIA ERICKA MONTAÑO Y ANGEL VARGAS
La noche del miércoles 29 de marzo el maestro Salvador Elizondo, uno de los autores fundamentales de la cultura mexicana, ''pasó dulcemente del sueño a la muerte, a los 73 años y como él quería: sin sufrimiento y rodeado de su familia, en su cama", narró a La Jornada su esposa, la fotógrafa Paulina Lavista.
El autor de una de las obras clásicas del siglo XX, Farabeuf, libró una batalla ejemplar contra el cáncer. Hace pocos meses dio a conocer la redición de esa obra en ocasión del 40 aniversario de su publicación y otorgó su última entrevista a La Jornada para sellar tal ocasión.
Ayer, cuenta Paulina Lavista, ''el desenlace ocurrió rápidamente. En su habitación, rodeado de sus hijas (su hijo Pablo vuela en avión para despedirlo), tranquilo, tuvo una agonía de sólo unas cinco horas y su tránsito del sueño a la muerte fue tranquilo, en reposo".
El maestro Elizondo, añade su esposa, ''deja una obra considerable. Una de sus últimas alegrías consistió en que llevamos él y yo la semana pasada su última obra al Fondo de Cultura Económica (FCE), a la que alcanzó a poner el título: Pasado anterior, y reúne más de 300 artículos que publicó en el viejo unomásuno, que es el antecedente de La Jornada".
Ese libro será publicado en breve. Mientras tanto, los restos mortales de su autor estarán a partir de las 11 horas en la funeraria Gayosso de Félix Cuevas.
Salvador Elizondo recibe hoy un homenaje de cuerpo presente en el Palacio de Bellas Artes, de 14 a 16 horas; luego será incinerado.
La noche del miércoles 29 de marzo el maestro Salvador Elizondo, uno de los autores fundamentales de la cultura mexicana, ''pasó dulcemente del sueño a la muerte, a los 73 años y como él quería: sin sufrimiento y rodeado de su familia, en su cama", narró a La Jornada su esposa, la fotógrafa Paulina Lavista.
El autor de una de las obras clásicas del siglo XX, Farabeuf, libró una batalla ejemplar contra el cáncer. Hace pocos meses dio a conocer la redición de esa obra en ocasión del 40 aniversario de su publicación y otorgó su última entrevista a La Jornada para sellar tal ocasión.
Ayer, cuenta Paulina Lavista, ''el desenlace ocurrió rápidamente. En su habitación, rodeado de sus hijas (su hijo Pablo vuela en avión para despedirlo), tranquilo, tuvo una agonía de sólo unas cinco horas y su tránsito del sueño a la muerte fue tranquilo, en reposo".
El maestro Elizondo, añade su esposa, ''deja una obra considerable. Una de sus últimas alegrías consistió en que llevamos él y yo la semana pasada su última obra al Fondo de Cultura Económica (FCE), a la que alcanzó a poner el título: Pasado anterior, y reúne más de 300 artículos que publicó en el viejo unomásuno, que es el antecedente de La Jornada".
Ese libro será publicado en breve. Mientras tanto, los restos mortales de su autor estarán a partir de las 11 horas en la funeraria Gayosso de Félix Cuevas.
Salvador Elizondo recibe hoy un homenaje de cuerpo presente en el Palacio de Bellas Artes, de 14 a 16 horas; luego será incinerado.
De las artes plásticas a las letras
La muerte no era un tema que preocupara a Elizondo, según manifestó en la entrevista concedida a este diario. Dijo que la conoció cuando fue sometido a una operación quirúrgica hace cerca de tres años:
''La muerte es nada. ¡Nada! Creo que si hay infierno y cielo, será muy divertido. Las 10 horas que estuve con anestesia, son las mejores que he pasado en mi vida, sumido en la nada: ni más grande ni más chico, ni más bueno ni más malo, ni más corto ni más largo. Todo da igual."
Salvador Elizondo Alcalde -dice su ficha correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua, de la cual era miembro de número- nació en la ciudad de México en 1932.
Hizo sus estudios de primaria en los colegios Alemán y México, de secundaria en una escuela particular en Estados Unidos y de preparatoria en la Universidad de Ottawa.
Posteriormente efectuó cursos para el diploma en Inglaterra, Francia e Italia. Solamente obtuvo el de Cambridge, años más tarde. Como nunca pudo revalidar sus estudios hechos en el extranjero tuvo que asistir a la universidad a título de alumno irregular.
Asimismo, cursó la carrera de artes plásticas ante de decidirse definitivamente por las letras, área en la cual también ejerció la docencia. Entre otros centros, en el seminario de Poesía Angloamericana Comparada en la Dirección de Estudios Superiores de la Universidad Nacional Autónoma de México y desde 1968 fue asesor literario del Centro Mexicano de Escritores.
Para el también poeta, ensayista, dramaturgo y crítico, resultaba curioso e inclusive divertido que se le encasillara como escritor maldito, de acuerdo con lo dicho en una entrevista con este diario en 2005:
''Eso de escritor maldito viene por un libro que escribió Verlaine sobre algunos de sus contemporáneos. A mí me parecería fantástico ser un escritor maldito como los que Verlaine pone en su libro. Maldito, ¿en qué sentido?, les diría yo, si he sido feliz toda la vida y no siento que recaiga, hasta ahorita, ninguna maldición sobre mi vida, más que esta operación que me hicieron hace casi dos años, que era una cosa necesaria.''
[...]
Predilección por El grafógrafo
En los albores de 2000, Elizondo habló también con La Jornada en torno de su quehacer literario. Dijo entonces: ''(...) Creo que los temas que se abordan en mi literatura y la manera de hacerlo corresponden a una cierta determinación del lector que no comprende o no abarca al público general, sino a un público que más o menos esté interiorizado en las formas de la literatura que yo utilizo.
''No podría de ninguna manera pensar que mis libros están destinados a todos, desgraciadamente. Pero así es la vida, no puedo cambiar mi personalidad. Por otra parte, creo que esto de los libros especializados no es un problema estrictamente mío. Creo que todos los libros tienen un público particular que es quien los aprecia."
Salvador Elizondo consideraba a El grafógrafo como su ''obra con mayúsculas, sin olvidar desde luego el resto de mis trabajos. Pero yo al menos, muy modestamente, me quedaría con ese solo trabajo".
10.20 - 11.00 am
Comienzo a obsesionarme con ir a Bellas Artes y difundo la noticia. Quique viene a darme el pésame, sabe cuánto me gusta Elizondo... Pepe me mira extraño, y me alienta a escaparme dos horas al DF; es difícil describir lo que experimento, las extrañas circunstancias, las casualidades o coincidencias -o eso, a lo que últimamente me he contentado en llamar chingaderas de la vida-, y es que todo en estas últimas semanas había girado entorno a su obra [y el resto del año girará] lo releía y me seguía fascinando, la catarsis, me entusiasmaba escribir sobre él...
x
11.05 am
Voy por la dosis matutina de cafeína, y en los puestos de periódico veo que varios despliegan la noticia, y me sorprendo porque está hasta en: Su diario matutino "El patito feliz". Decido que no iré, que es mejor dedicarle la tarde leyéndolo.
Y no sé, es tan triste, el encantarme tanto con sus letras desde la primera vez, me hizo quererlo, encariñarme por lo significativo (por el cómo y por quién llegué a él), es una especie de amor extraño; quién no ha querido a un escritor con sólo leerlo, quién no ha tenido el sueño guajiro de topárselo alguna vez en algún café o en la calle, quién no ha sostenido conversaciones imaginarias, quién no ha divagado pensando en qué le diría si lo viera. En mi caso, la mayoría de las veces aplicaba el subjuntivo, qué le hubiera dicho (a Cortázar, a Huerta, a Valéry, a Rulfo, a Carpentier, a . . .) si..., Elizondo representaba mi figura de escritor vivo más fuerte, mi uso del indicativo en los vuelos ociosos, y ahora, nada.
x
Nunca se me había muerto un escritor.
Comentarios
A mí también me golpeó lo de Elizondo, pero vaya, a estas alturas ya se me han muerto un chingo, pero un chingo... a pocos los conocí "personalmente"; es más, por los que más derramé lágrimas fue por los que sólo conocí por su escritura.
¿Nunca se te había muerto un escritor?
Pues qué suertudo eres... o qué poco has leído. ¡Suertudo tú!
En mi caso no se trataba del conocimiento "personal", iba más allá.
¿Tantos se te han muerto? ¡Hombre! ¿Qué sentiste cuando se murió Dante Aligheri?