Qué triste fue decirnos adiós
Ayer nos encontramos con mucha gente en las centrales de autobuses. El personaje más destacado fue un joven bastante peculiar, en la central del norte, lo vi desde lejos, me llamó mucho la atención -y eso que ya no veo bien a distancia-, sugerí sentarnos cerca. Mi compañera de viaje sólo sonrió cuando se percató de mi buen gusto. Lo que más sobresalía de él, era su gran nariz y sus chinitos castaño claro; luego de un rato, pude verle los ojos: verdes y profundos, estaban acompañados de unas pestañas largas y enchinadas; su boca ni grande ni pequeña, carnosa; estaba con un celular en la mano, tal vez jugando viborita o algo así. No podía contemplarlo como hubiera querido, esto es, descaradamente, use la discresión, ja, pero había miradas que eran inconscientes... Escondía mi mirada detrás de Julieta Campos, la verdad es que casi no puse atención a lo que leía, pues estaba viendo sus botas negras y la chamarra de piel sobre la que estaba sentado. Al ver las botas no pude evitar recordar a Cerati en el video Te llevo para que me lleves, es más, hasta le daba un aire, no sé, la nariz, los chinos, los ojos, la actitud, la altura, la chamarra, las botas... Siempre he dicho que quiero un hombre como el gran argentino, ésta es la segunda vez que encuentro casualmente alguien parecido (el primero fue memorable, producto de un escape de clase con El compañerito (¿dónde estará aquél muchacho de chinitos alborotados?)). El observado sacó una libreta con forro negro y una pluma, se puso a dibujar un monito -el resultado la verdad es que fue bastante feo-, pude percatarme de que era diestro, y de que tocaba la guitarra, pues tenía las uñas largas, otra coincidencia con Gustavo, en la hoja contraria a la que dibujaba estaba algo escrito, la letra era ilegible y bastante pequeña, no pude leer lo que decía. Así me entretuve unos minutos, mientras Dôni se aburría con Kerouac. Tuvimos que irnos, me preguntè por qué no era lo suficientemente -no sé que palabra aplicar- para decirle algo o, cualquier cosa... Antes, en la CAPU, nos encontramos a Gigio y a otro muchacho, del cual no recuerdo su nombre, -confieso haberme asustado, pues fue sorpresiva su aparición-iban a la sierra... Y como si lo hubieramos invocado, -pues D me dijo que lo había visto horas antes por el Carolino- apareció el misterioso hombre quijotesco, con la misma vestimenta de siempre, caminando hacia la salida; esto dio pie a que empezara a divagar y a divagar.... Ésas cosas entretienen un rato..
El punto es que ayer estuvo lleno de mucha gente, caras que ya olvidé, caras que no vi ni volveré a no verlas, muchos carros, mucho tráfico.
Ahora nos vamos a Ixtapa, a echarnos a la playa y a olvidarnos -o intentarlo- de cosas, a regenerar y a recargar energías... No sé si a alviarme por completo, pues en diciembre la pitonisa Deeni predijo que cuando fuera a Ixtapa todo iba a cambiar radicalmente.
A ver qué pasa.

Comentarios
ésta escritora pimientosa escribe para ella y sus cuates, emplea cifras y señales y atajos que sólo el conocedor descifra, yo no sé quién sea, yo no la conozco, sólo sé que anda de link en alguno de esos blogs amigos, inevitable metesre, inevitable ser indiferente ante tanta confianza ante yo, el desconocedor, el que no entiende gran parte del código, el que se queda lejos de ser un muchacho en una estación de autobuses, y que en cambio es un tipo frente a la multitud del monitor.