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FUE, en el principio, nuestro abrazo;el centro mellizo e esa esferaimpenetrable que en la calle;en medio de la gente, a solaspara nosotros, convocaste;en torno de nosotros, únicos.-----Y en esa morada de silenciosentretejidos, en la calmade aquella sorpresa compartida,creímos los dos que era posiblelo que no puede ser. Y el tiempoalargó la hora comprensiva.-----El abrazo nuestro, los silenciosincesantes, la morada nuestra.Y creímos admitir la vidaal pensar que nos reconocimos.
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Rubén Bonifaz Nuño
Del templo de su cuerpo [1992]

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