Vendía alegrías

Iba en el metro de pie. Abajo de mí estaba una mujer de pelos naranjas, hirsutos y llenos de spray. La vi muy entrada escribiendo en su celular. Así que mi curiosidad científica me llevó a chismosear sus textos.
Escribía por distintas ventanas de Messenger y WhatsApp. En total, conté a 7 hombres distintos: un Jiovanni, un Jorge, un Mario, un Alexis... y los demás ya no pude ver.
Con todos intercambiaba mensajes coquetos y de interés sexual. A unos se le negaba con rotundos "No puedo", ante los reclamos masculinos de "Ya no te dejas ver". A otro no lo conocía, pero él le insistía que la había visto por la iglesia y el mercado; ella fingió alarmarse, porque entonces la conocía "bien fodonga".
Lo que más fascinó a mi ojo chismoso, fue que indistintamente todos usaban vocativos como 'bb', 'amors', 'wapa' y 'chiki'.
Se bajó justo en Tacubaya con un montón de bolsas llenas de alegrías. Fue entonces cuando me percaté de su profesión. Al poder verle la cara, mientras esperaba a que se abrieran las puertas, le vi la cara triste y los ojitos perdidos. Creo que tantos galanes y pretendientes, a pesar de todo, no la hacen muy feliz.

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