7.9.11

ya vine...

Después de mucha complicación y enredo, finalmente me mudé al DF oficialmente hace  seis meses, doce días y quince horas. Me quedé con el departamento del drama (recuérdese el post al respecto http://bit.ly/ot4hxy) y vivo muy a gusto en mi nueva casita. Decir que me gusta mucho mucho es poco. Han pasado tantas cosas que siento que es más tiempo. 
Hace poco más de un mes regresé a Puebla en un viaje express ida y vuelta para recoger mi título... todo me pareció un poco cambiado, un tanto ajeno. Incluso mi [ex]casa se percibía distinta, por un momento tuve la impresión de que antes era más grande, más blanca, más algo. En la breve estancia cada lugar por el que pasaba me remitía a una historia, a una persona, a una sensación, a tantos recuerdos que ni siquiera sabía que seguían ahí. Supongo que no extraño tanto Puebla porque me he adaptado de maravilla al DF. Lo único que me hace falta es el Utopía, la amplia gastronomía de antojitos y algunas personas. Aunque este último rubro es muy relativo, pues para eso está el internet y el teléfono. 
Lo que ha pasado en el DF ha sido extraño y emocionante. Ha sucedido lo que sólo me podría pasar aquí. El cambio me ha ayudado a depurar. He depurado cosas, ropa, basura, personas, costumbres, ideas y gustos. Para algo más que para moverse deben de servir las mudanzas, ¿no? Cuando estaba en pleno romance con la ciudad y yo flotaba, mientras en el fondo musical se escuchaba alguna canción de Ingrid Michaelson o similar, me asaltaron en la calle. Larga historia. Bastará resumir que lo único de valor que me robaron, fue mi amado celular. También me quitaron la tranquilidad un tiempo, me ciscaron, me mostraron la verdadera cara de quien iba conmigo, me aumentó un poco la paranoia y me dieron una gran lección.  
A estas alturas ya no estoy con el susto atravesado, regresé al lugar de los hechos y una mano sanadora sobre mi espalda -que ni siquiera se percató de lo que estaba haciendo- me hizo sentir bien y me quitó la mala sensación de aquel catastrófico martes.  Sigo con el romance, pero ya no floto todo el tiempo. Es como cuando tienes un novio del que estás enamoradísima y de repente un día que van a comer, él, justo frente a ti, se pone a coquetear con una mesera insípida llamada Lesli; entonces te ríes, asumes que el amor y el gusto siguen y seguirán ahí, pero cobras consciencia de que vivir sobre la nube sólo  hará que te duela más cuando te caigas.
Por ahora sigo buscando la manera de sobrevivir en la selva. Hay muchos planes a concretar y mil decretos que aterrizar. Mi mente sigue cantando de forma incesante mi himno nacional, "Please, Please, Please, Let Me Get What I Want". Continúo escribiendo y de freelance, así que si alguien necesita una correctora, traductora, escriptora, facilitadora, lectora, enseñadora, asesora y demás,  no dude en solicitar mis servicios. Soy más o menos barata y muy eficiente y eficaz. 
No escribiré que prometo, ahora sí, regresar a las publicaciones regulares de este abandonadísimo blog, que probablemente ya nadie viene a visitar. Sólo lo haré o procuraré hacerlo. De verdad lo extrañaba, no se me ha quitado la costumbre de pensar a manera de blog, este post lo estuve escribiendo en mi mente por mucho tiempo, pero a veces las ganas se dispersan en las ocupaciones cotidianas y a la hora de sentarse a escribir ya se fueron las ideas o se pierde el sentido. A ver qué pasa.

3 comentarios:

Jorge Spinoza dijo...

Para mí dejar publicaciones en Facebook, Twitter o cualquier otra red social es como realizar una escritura digital eminentemente efímera, condenada a sepultarse bajo el impulso de otras actualizaciones.

El blog lo veo cada vez más como una plataforma estable donde establezco otro pacto lector, en el cual ejercito una lectura más intensiva, buscando detalles y guiños dentro de lo que se escribe.

Dicho lo anterior, me da gusto leerte de nuevo aquí y conocer al menos por acotaciones, lo que ha pasado con tu vida.

kinglif

G Velázquez dijo...

eminentemente efímera, sí... a veces para mí el blog funciona como recordatorio reconstructor de mí misma. el twitter me envicia pero son puros impulsos...

saludos y gracias por pasar, querido llorch

Anónimo dijo...

Ginaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa te quiero