29.9.11

666 (bis)

Con Morrissey en los oídos eufórica llegué al banco por el que siempre paso y está atascado... Ante los intentos fallidos para ir a comer con qq'un, decidí entrar a pagar de una vez lo que había postergado toda la semana. Ya no había más pretextos, pues media hora antes, un desconocido extremadamente amable y con buen acento me había ofrecido certezas, incluso esperanzas. El lugar, más concurrido que de costumbre, no tenía sillas disponibles, entonces me quedé en un rinconcito viendo a los desesperados. Me aburrí al poco tiempo. Saqué mi cartera con el número de cuenta y el billete a depositar. Fue entonces cuando me fijé en mi número de ficha. Me causó tanta gracia que estuve a punto de compartirlo con el señor que estaba junto a mí, pero desistí cuando vi que se estaba escarbando alegremente la nariz. Así que leí el resto de la ficha y noté que había otros tres 6, pero al revés. El número de la bestia dos veces en el mismo papel. ¿Se anulará al repetirse y se convertirá en número divino? El tráfico de gente fluyó más rápido de lo esperado, y adivinen en qué caja me tocó. En la 6. Ya se verá si la ficha representa un vaticinio favorable para mi malévolo plan o si, simplemente, el azar me hizo guiños con numeritos...

7.9.11

ya vine...

Después de mucha complicación y enredo, finalmente me mudé al DF oficialmente hace  seis meses, doce días y quince horas. Me quedé con el departamento del drama (recuérdese el post al respecto http://bit.ly/ot4hxy) y vivo muy a gusto en mi nueva casita. Decir que me gusta mucho mucho es poco. Han pasado tantas cosas que siento que es más tiempo. 
Hace poco más de un mes regresé a Puebla en un viaje express ida y vuelta para recoger mi título... todo me pareció un poco cambiado, un tanto ajeno. Incluso mi [ex]casa se percibía distinta, por un momento tuve la impresión de que antes era más grande, más blanca, más algo. En la breve estancia cada lugar por el que pasaba me remitía a una historia, a una persona, a una sensación, a tantos recuerdos que ni siquiera sabía que seguían ahí. Supongo que no extraño tanto Puebla porque me he adaptado de maravilla al DF. Lo único que me hace falta es el Utopía, la amplia gastronomía de antojitos y algunas personas. Aunque este último rubro es muy relativo, pues para eso está el internet y el teléfono. 
Lo que ha pasado en el DF ha sido extraño y emocionante. Ha sucedido lo que sólo me podría pasar aquí. El cambio me ha ayudado a depurar. He depurado cosas, ropa, basura, personas, costumbres, ideas y gustos. Para algo más que para moverse deben de servir las mudanzas, ¿no? Cuando estaba en pleno romance con la ciudad y yo flotaba, mientras en el fondo musical se escuchaba alguna canción de Ingrid Michaelson o similar, me asaltaron en la calle. Larga historia. Bastará resumir que lo único de valor que me robaron, fue mi amado celular. También me quitaron la tranquilidad un tiempo, me ciscaron, me mostraron la verdadera cara de quien iba conmigo, me aumentó un poco la paranoia y me dieron una gran lección.  
A estas alturas ya no estoy con el susto atravesado, regresé al lugar de los hechos y una mano sanadora sobre mi espalda -que ni siquiera se percató de lo que estaba haciendo- me hizo sentir bien y me quitó la mala sensación de aquel catastrófico martes.  Sigo con el romance, pero ya no floto todo el tiempo. Es como cuando tienes un novio del que estás enamoradísima y de repente un día que van a comer, él, justo frente a ti, se pone a coquetear con una mesera insípida llamada Lesli; entonces te ríes, asumes que el amor y el gusto siguen y seguirán ahí, pero cobras consciencia de que vivir sobre la nube sólo  hará que te duela más cuando te caigas.
Por ahora sigo buscando la manera de sobrevivir en la selva. Hay muchos planes a concretar y mil decretos que aterrizar. Mi mente sigue cantando de forma incesante mi himno nacional, "Please, Please, Please, Let Me Get What I Want". Continúo escribiendo y de freelance, así que si alguien necesita una correctora, traductora, escriptora, facilitadora, lectora, enseñadora, asesora y demás,  no dude en solicitar mis servicios. Soy más o menos barata y muy eficiente y eficaz. 
No escribiré que prometo, ahora sí, regresar a las publicaciones regulares de este abandonadísimo blog, que probablemente ya nadie viene a visitar. Sólo lo haré o procuraré hacerlo. De verdad lo extrañaba, no se me ha quitado la costumbre de pensar a manera de blog, este post lo estuve escribiendo en mi mente por mucho tiempo, pero a veces las ganas se dispersan en las ocupaciones cotidianas y a la hora de sentarse a escribir ya se fueron las ideas o se pierde el sentido. A ver qué pasa.