9.2.11

see, the luck i've had can make a good man turn bad

Hace dos horas este post hubiese sido el más azotado del universo. Parece que ahora sólo será anécdota, a pesar de que le sigo dando pocas de vueltas al asunto, con muchos hubieras entramados. Resulta que hoy, según había decidido, estaría de regreso en Pue. No he pasado tantos días en DF, pero ya me va haciendo falta mi cama, que en realidad es sólo sinónimo de que me hace falta mi espacio, mis olores, mi silencio, mis rituales, mi desorden  y mi comodidad; de cierta forma, siento que me hago falta a mí misma de la manera en la que sólo puedo ser yo cuando no hay nadie más. No obstante me quedé y pasé toda la mañana llamando al número de un anuncio que parecía maravilloso. Aparentemente era algo así como una esperanza después de que ayer luego de veintitantas llamadas, terminé cansada de escuchar 'ya se rentó' o cantitades estratosféricas acompañadas características que no necesito. De hecho, por eso me iba [y también porque para la gripa que me cargo en estos días necesito mi atmósfera usual], planeaba enfriarme y descansar de la búsqueda, darle tiempo a la semana para que apareciera algo, regresar a mi todavía casa a ponerme un curita. El caso es que salí corriendo en cuanto me respondieron, me dijeron que estaba bien si llegaba como en una hora. El dios del tráfico fue generoso y a pesar de que estaba cargadito, todo fluyó y llegamos antes. Con papeles en mano y dinero también, mi tía y yo estábamos dispuestas a cerrar el trato si no era un cuchitril desvencijándose. Una señora con pinta de ser muy buena persona nos recibió con cara de ooops... resultaba que una fulana había llegado algo así como 10 minutos antes -pensar en que fueron menos me pone peor que con 10- y había decidido quedarse con el departamento, estaba esperando a que su papá le llevara los papeles. Yo estaba a punto de decir, bueno gracias, adiós. Mi tía sin preguntar se metió al departamento y pidió por lo menos verlo. Entramos, lo vimos, lo recorrimos. No nos dijimos nada, pero era un hecho que queríamos usar alguna expresión florida [ella habría dicho algo como ¡¡¡nomamesquépedo!!!, y yo seguro algo como misuerteestádelaverga o yavalióvergatodo].
Era buenísimo para mí. Hasta tenía un patio para mis hijos cactus, mucha luz, mucho espacio, muy mono. Lo único feo era la alfombra y la cocina, pero nada que no se pudiera arreglar -mi tía llegó a decir que ella hasta me hubiera mandado hacer una cocina integral y ya-. Le dijimos a la casera simpática que traíamos todo, ella dijo que lo sentía mucho pero la otra mujer había llegado primero. Cuando la vi bien, me sentí peor. Es una vecina de V, aquella de la que sabía un montón de chismes, aquella que no me dejó dormir mil veces por sus escándalos y fiestas que duraban más de doce horas y terminaban a las 3 de la tarde, aquella que debe rentas desde julio y no le quisieron renovar el contrato. Lo único que no evité decir era que la conocía, ella estaba hablando por teléfono con su papá, la casera me vio con cara chistosa y me dijo ¿sí? Entonces sólo mencioné que se llamaba así, que era diseñadora y que vivía en santa maría la ribera en el mismo edificio que un amigo. Ella respondió con un, sí algo así me dijo. Yo lo único que quería en ese momento era salir corriendo y meter la cabeza en un hoyo. Mi tía seguía haciéndole plática a la casera e insistiéndole. Finalmente, dejamos los papeles y nuestros teléfonos, por si algún problema había con los de la fulanita. La casera simpática hasta nos dio la bendición, me regaló un sentido 'pues suerte mija' [seguro mi jeta era peor que de atropellada] y dijo que no prometía nada, pero que igual si pasaba cualquier cosa nos llamaba.
Salimos del edificio más inciertas que nunca. Dimos más vueltas, caminamos un poco. Nada. Nos subimos al coche y dimos más vueltas por una zona que ya peinamos tres veces en semanas pasadas. En los momentos en los que necesitaba escuchar nada, mi tía los llenó de comentarios que empeoraban mi control lagrimal. Lo peor es que comenzó a meter a dios en esto. Decía que papá dios tenía algo especial para mí y otras cosas que medio dejé de escuchar. Le dije que nos fuéramos ya, antes de que empezara el trafiquero de los que salen a las 3 de trabajar y regresan al norte. Ella seguía diciendo que era lo mejor que habíamos visto, y para que ella dijera eso era realmente sobresaliente porque a todo lo que habíamos visto le encontraba algo malo que adornaba con mil cómoseteocurrequerervivirahí. Y continuaba, que estaba tan perfectamente ubicado, que me habrían quedado tan lindos mis libros en la estancia, que la señora se veía tan buena onda, que seguro habría vivido muy a gusto ahí. En vez de decirle que por qué no mejor me aventaba a las vías del tren, al cabo que ya casi pasábamos por Ferrocarril de Cuernavaca, sólo le decía pues sí. Que si esto que si lo otro, pues sí. En el camino de regreso me ponía límites físicos, cuando entremos a periférico, o cuando lleguemos a echegaray, voy a dejar de pensar en esto y ya, ya aparecerá algo después, pero justo en esos momentos era cuando mi tía volvía a lamentarse en voz alta y hablar de las maravillas de lo perdido. Yo pensaba en que me sentía un poco como Alicia cuando se queda sola en el bosque y no sabe a dónde ir ni qué hacer. Todo parece un poco inconcebible e irónico, ni siquiera me siento enojada o decepcionada. Más bien me queda una sensación enrevesada. Después de todo lo que he visto, de lo que me piden y no tengo, de lo que no quieren ceder, de los lugares inhabitables y carísimos, comienzo a sospechar que los milagros inmobiliarios no existen, pero aún así, préndanme una veladora, ¿no?
Entre tanto todos los días, sin falta, seguiré entonando puntualmente este maravilloso himno 

8.2.11

aunque ya no voy a la escuela, me pasa muy seguido


Hace 183 años nació Julio Verne y Google ha hecho algo así como un homenaje. Tengo media hora viéndolo y no me canso. No dejen de pasar a verlo y atiendan a la palanquita de la derecha, puede moverse =)

i ♥ !!!

Imprudencia


El viernes en el lunario, en el concierto de las Víctimas del Dr. Cerebro -LA onda y post aparte- me regalaron un par de estos, que a su vez, cada cual de manera muy curiosa, terminaron regalados en otra parte... Sospecho que los publicistas seguro estaban tan excitados por las imágenes del margen, que seguro por eso se comieron la 'c'; de ahí la imprudencia ortográfica.

4.2.11

Benjamin Biolay

16 de noviembre 2010. Asistir a un concierto de este francés es una de las mejores decisiones musicales que alguien puede tener. Mil años después lo trajeron a cantar a México. Él en algún momento dice que todos en Francia se ríen y dudan de que en México se escuche su música, incluso él se confiesa un tanto sorprendido, pero satisfecho. Estoy convencida de quien sea seguidor o por lo menos aprecie su música, desde la primera vez que lo escuchó inconscientemente espera el momento de disfrutarlo en vivo. La gran pregunta es si suena mejor que en sus discos. Pareciera difícil pero para él lo hace tan fácil. Trae una gran banda: Nicolas Fiszman (bajo), Denis Benarrosh (batería), Reyn Ouwehand (teclados) y Pierre Jaconelli (guitarra). Benjamin, obviamente, en distintos momentos se ocupa del piano, la trompeta y un sintetizador. Su voz, más que seductora y encantadora, es una voz muy Biolay. El ritmo del concierto es vertiginoso, con él lo 'ecléctico' toma sentido. Su rostro es serio y seco, llega a ser misterioso, pero el resto de su cuerpo se encarga de comunicar todo lo que necesita. Ciertamente es muy feo, pero tiene ese no-sé-qué que es bastante cautivador, que estoy segura de que nadie nunca le ha dicho que no (habrá que preguntarle a Carla Bruni). Todos salimos enamorados de él. La noche entera fue un gozo, pero cuando cantó "Chére inconnue", "Qu’est ce que ça peut faire?" y "A l’origine" me sentí más intensamente motivada. Un tipo que no necesita ser más que él y rompe con todos los estereotipos y adjetivos que le han colgado, que si el nuevo seductor de la chanson, que si el productor de no sé quién; todo eso sobra, alguien debería de borrar esa basura de internet... Esperemos que no tarde en regresar, cumplió al cantar de todos sus discos, pero yo me quedé con ganas de más Trash yéyé y Négatif. Las fotos están dos dos porque se movía mucho y la luz estaba linda para ver, fea para fotografiar.
Lo que cantó: Pour écrire un seul vers / Même si tu pars / Si tu suis mon regard / Quinze septembre / Chére inconnue / Dans la Merco Benz / Prenons le large / Ton héritage / Bien avant / La superbe / Qu’est ce que ça peut faire ? / Assez parlé de moi / Les cerfs volants / A l’origine / Négatif / Padam / Lyon presq’île / Brandt raphsodie 










I

Sobra decir que todo ha estado un poco loco los últimos meses. Seguro habrá quien piense que siempre digo lo mismo para justificar mi ausencia en el blog. Otros dirán que ya está pasado de moda y nadie más escribe en el blog, que lo de hoy es el facebook o el twitter o el tumblr o algo que ni siquiera sé que existe... Si bien, el twitter me ha encadenado un poco y ha sido una especie de vaciadero fugaz de babosada y media, nunca he dejado de pensar en forma de post. Es decir, regularmente tengo ideas y me dan ganas de publicar aquí. No lo he hecho como debería. A veces también influía que me sentía paranóicamente leída [por ojos indeseables]. Demasiados cambios, demasiados detalles, demasiada información que está siendo procesada y que recelosamente me guardo, pero ahora da igual y atenderé a mi necesidad de divagar[me]. Iré, en la medida de lo posible, subiendo los borradores pendientes que considere que todavía vienen al caso. Lo que sí es que tengo tantas fotos por subir... he estado más visual que parlanchina.
El año pasado fue definitivamente musical, mucho de trabajo, muchas veces mezcado con placer, y otras no. Hace semanas pensaba que conforme encuentro más música y más crece mi biblioteca, parece que aumenta lo que veré en vivo, ya sea por obligación o por gusto. Lo poco que va anunciado este año es emocionante, no para todo tengo dinero, ni para todo tengo ánimo de lamentarme, así que intentaré tomarlo como vaya sucediendo... El primer post del año, tiene que ver con mi primer concierto oficial del año. Aunque un domingo de enero tuve uno, duró una hora y para mí no fue nada de concierto, así que ha decidido ignorarlo públicamente. El señor concierto del que acabo de regresar es definitivamente EL primero. Cuando mi mamá supo que asistiría se burló de mí, ampliamente, mucho tiempo. Y es que cuando yo iba a la secundaria y era toda una basquetbolista, casi todos los sábados madrugaba y me iba a jugar; los que no, los tomaba para dormir y dormir hasta no poder más -tal cual se debe de hacer los sábados- pero a mi mamá, maquiavélicamente, siempre se le ocurría madrugar y ponerse a hacer cosas inspirada a todo volúmen con música de Raphael. Yo me ponía muy mal, lo alucinaba, gritaba más fuerte que él y realmente me volvía loca. A ella, naturalmente, le daba mucha risa y seguía haciéndolo, seguro muy a propósito, cada que podía. 
Total, que me tocó ver al Divo de Linares, cantar 41 canciones, durante 3 horas sin parar... Justo como anticipé, me divertí, no muchísimo, pero sí que lo disfruté. No tanto por las canciones, mucho por la atmósfera y todo lo que es y hace ese señor. Entendí por qué lleva más de 50 años cantando y por qué todas las abuelitas, mamás y primas mayores se ponen locas con sus canciones -que lo haya entendido no quiere decir que me vaya a hacer su fan o algo parecido-. Pareciera que en la vida podríamos contestar ante cualquier situación con una canción de Raphael. Sería la onda que contestáramos tan histriónicamente, para ponerle un poco de pimienta a la apatía de la vida moderna. Me pregunto en qué generación se perderá la referencia a este español... Mientras tanto, me voy a escribir lo que tengo que escribir y dejo la canción que sentí con más punch y que, además de "querreque", será mi nueva respuesta cuando no quiera contestar algo...

*Nótese que este video fue grabado antes de que naciera (1982) y él ya se ve medio ruco... Ahora sigue con la dentadura intacta, los mismos gestos arrebatados, la misma voz y el mismo color de cabello. Cuando decida que quiero vivir tanto como él, voy a investigar qué se tomó para conservarse mejor que Munra.