8.12.10

Well, I woke up from a weird dream




I don't know, half asleep, I try to speak about it all... Y el primer recuerdo que me llegó a la mente fue el del sombrerero. Cuando escuché a Jason Schwartzman cantar Saint Jerome, I don't ever ever wanna be alone, I don't ever ever wanna be alone, oh Saint Jerome... caí en la cuenta de mi propia ironía y de que seguro tenía mucho tiempo sonando el despertador con esa canción y yo estaba tan perdida que ni cuenta me había dado. Seguro era muy tarde, habría que correr. Después de tararear la canción de Coconut Records, me vino a la mente una conversación que estaba segura había tenido y finalizaba con un it's such a pitty you DO have a girlfriend, oh i'm flattered coz' you're cute but you now how's love, no i don't. Así valió todo, así comencé a sentirme un poco avergonzada de mí misma. De nada sirven las compatibilidades musicales, los atrevimientos etílicos o los entendimientos cinematográficos. A mí se me hacía tan tarde para llegar a desayunar media orden de molletes al centro del DF que por un instante dejé de pensar en eso. Retomé mi vergüenza cuando cerré los ojos en el autobús y comenzaron los flashazos. La fiesta de disfraces, el sombrerero australiano -que me remitió inmediatamente a mi amado Angus Stone-, la Alicia de nombre ruso, el unicornio vulgarmente ofendido, el avatar gringo que me mentó la madre porque lo llevé a que me mentara la madre [you're fuckings shit penche pendeya y mi risa interna], la inglesa rarita y de piernas interminables, el doble mexicano de Erlend Oye, el uruguayo payaso que sólo quería alcohol gratis, el español que se me estaba olvidando y del que casi no recuerdo nada, la australiana que me asesinó toda la noche con la mirada  y las conclusiones generales que apuntaban a lo sociable y social que podría ser si quisiera; pero no. Las fiestas me deprimen y nunca puedo evitar las comparaciones. Creo que tardaré el doble de tiempo que la última vez en regresar a una...

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