Hace meses dos tíos cayeron enfermos. El primero fue el esposo de una hermana de mi mamá, con quien realmente nunca tuve relación y los pocos recuerdos me daban lo mismo; mis primos y hermanos lo apodaban 'El simpatías'. Hace no muchas navidades, cuando mi mamá se fue a Europa a ver a mi hermano, me tocó sentarme junto a él y me preguntó que yo quién era, luego se puso a contarme un montón de cosas a las que no puse atención, pero entendí por qué lo habían apodado así. El segundo fue un hermano de mi padre, a quien acababa de ver, después de muchos años, en la 'Velazcada' que organizamos en enero. De los hermanos de mi padre, era el que sentía más ajeno, me acordaba de que lo veíamos cuando íbamos a Morelia, nunca nos quedamos en su casa, sólo llegábamos a comer. Aunque los dos estaban en el hospital, el primero estaba más grave que el segundo, prácticamente le daban días y no había demasiada esperanza. A mí se me ocurrió preguntar si había que ir a su funeral si se moría, mi mamá y mis tíos me reprendieron, pero luego les dio risa y entendieron mi punto. Yo entendí que era algo que tenía que hacer por mi tía y mi prima, sintiera lo que sintiera, 'es la familia'. A pesar de que definí mi concepto de familia, me remataron con un: bueno, hazlo por Aurora -mi abuela-. Finalmente, cuando casi terminaba febrero, yo dejaba mi celular encendido toda la noche, por si mi madre hablaba y me avisaba que debía irme de negro al DF. Y justo un día que se apagó solo, me llamó pero para que me fuera corriendo a Querétaro y de ahí nos fuéramos a Morelia. Fue un velorio raro -terminó a las 12-, lleno de gente, con mucha luz, muchas evocaciones, muchas fotos, muchas canciones, gente desconocida a la que les sonaba que yo era la hija de Jorge. Ese día mi mamá me contó que de cierta forma, si no hubiera sido por el tío René, las cosas no se habrían acomodado y ni mis hermanos ni yo existiríamos -larga larga historia-. En ese momento dejé de sentirlo tan ajeno, aunque nunca recordara una conversación o risa con él. Al otro día regresamos a Querétaro después de la colocación de cenizas, fue un camino silencioso y un poco triste, me la pasé pensando en cómo esos fragmentos que forman parte de mí, de mi padre, de mi pasado, con el tiempo se van perdiendo en alguna parte. Entonces ya sólo había un tío enfermo, que salió del hospital, regresó, salió otra vez y que hasta donde sabía ya estaba en su casa recuperándose. Ayer soñé que mi mamá me hablaba para avisarme de su muerte. Hoy desperté con la llamada de mi mamá. Ahora, la verdad es que no siento nada, ni me siento mal al respecto, pero sí me da miedo/culpa no sentir que no siento nada. De cualquier forma pienso en lo que debo de llevarme, en que no sé dónde dejaré mis cosas, en el tráfico, en que por escribir este post seguramente no alcanzaré a la señora para que me dé llaves de la casa de mis tíos, en que mañana tengo trabajo, en que llevaba tan buen ritmo en mi otro trabajo y ahora -para variar- tendré que frenarme. Pienso en que debo irme ya.

Comentarios

daviz dijo…
coincido totalmente con lo de cuestionar el concepto de familia que nos quieren meter por los ojos.
yo soy más de las bodas. no me gustan y menos el clásico bodorrio y ahí es donde sale el punto de la discusión sobre la familia y porque tengo yo que participar de una cosa que no va conmigo.

en fin, sea como sea, te deseo que se pasen pronto los aires funeralescos..
G Velázquez dijo…
pues sí, cuestiono todavía el concepto, pero en este, oficialmente el funeral más extraño de la historia, me quedé un tanto convencida de que debía estar ahí, más que por familiaridad, por humanidad...
mi ventaja ante las bodas es que la mayoría ya sucedieron, soy de las menores, así que me tocaron muchas bodas antes de que comenzaran a disgustarme... así que vaticino al menos un par y ya, y eso, a ver si nos invitan, jeje

saludotes!

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