Esta es mi última noche de internet desde mi casa... por lo menos por un tiempo indeterminado. El viernes contraté y el sábado ya tenía servicio. Me vendieron una tecnología muy acá, wimax, quesque es la onda en Japón. Sin embargo, tal parece que en Japón no hay casas con muros tan gruesos, quizás no hay casas tan viejas o por lo menos no les afecta para tener servicios... o sólo dicen eso para venderlo. El servicio llegaba más o menos a mi patio, dentro de mi cuarto sólo si ponía el modem en la mesa de la cocina y mantenía la puerta abierta. Era lento, pero en mi desesperación no desesperaba. Bien que mal pude ponerme al tanto de lo que ha pasado en Dr. House, pensar en Madama Butterlfy y un gran etc. en paños menores... Hablé para reportarlo y dijeron que vendrían lunes o martes. No llegaron. Llamé el martes y hoy vinieron a la hora acordada después de mi reclamo telefónico. No tardaron en decir que no podrían brindarme el servicio por imposibilidad técnica. Así que mañana voy a regresar el modem y a que me den mi dinero... Vivo en una bóveda. Para trabajar realmente necesito internet, es más que vicio... Pensaba que ahora que tenía internet en la comodidad de mi cueva, podría postear más seguido en este blog que tengo tan abandonado. Ahora no sé qué contrataré o qué resultará. La red de los vecinos que me prestaban su internet, sin saber, ya no me llega. Me molesta un poco tener que ir a lugares donde hay meseros cristianos que me tratan mal. También me desesperan los teclados pegajosos y mugrosos de los cibers. No sé qué pasará. Nada grave, seguramente. No puedo estar tan desconectada de este mundo. El punto es que ahora todo esto me ha llevado a pensar que en principio yo ya no debería de estar viviendo aquí. Yo estaría aquí temporalmente, por la universidad y tal. A estas alturas ya tendría que estar en otro lugar. Dónde, quién sabe. En lo que sí coinciden todos es que debe de ser lejos. No donde crecí, no donde estudié, sólo lejos. Una vez un amigo muy querido me dijo eso, que yo estaba hecha para irme. No para evadir, sólo para irme. Él se murió hace dos años y lo último que supo de mí está aparentemente como ahora, o tal vez peor, o no sé qué pensaría, pero probablemente no le gustaría. El sábado soñé algo relacionado con él y desperté llorando. Lo reflexioné y parece ser lo más tonto del mundo. Pero no dejo de sentirme mal si pienso en eso. Tampoco lo entiendo, tal vez es alguna culpa evidente escondida. Culpa que no debería de ser, pero que igual está ahí. Es una especie de subjuntivo imposible... si hubiera elegido tal cosa en vez de esta otra en donde estoy atrapada; pero luego me salen las explicaciones y las bases de por qué eligí estar donde estoy ahora y no lo anterior, que era más fácil pero, yo sabía, más complicado en el fondo. Hace rato con Y, me acordé de algo que últimamente he tenido tan presente y que no dejo de preguntarme: en qué momento dejé de saber lo que quería. Antes sabía, y sin consultar a nadie ni dar explicaciones lo hacía. Ahora no, hoy sé qué no quiero, pero no puedo decir con seguridad qué es lo que sí. Exiguamente me siento consolada porque por lo menos sé qué no quiero. Tal vez esté a mitad del camino, o tal vez esté en el lado opuesto. Ahora da igual, lo único que sé que quiero es irme a leer un libro de cuentos cortos chinos que un poeta me regaló por ayudarle a vender libros.

Comentarios

Xicoatl dijo…
En Japón si que hay casas viejas, pero todas ellas son de madera, incluso los castillos medievales. Son las construcciones recientes las que están hechas con otros materiales, pero sólo las estructuras que las sostienen son de acero y de concreto reforzado, el resto es todo de materiales ligeros recubiertos para dar volumen y la impresión de solidez. En una casa tradicional japonesa podrías atravesar todo sin abrir una sola puerta, como son de papel puedes llevártelas de corbata si quisieras. Por eso cuando los japos diseñaron su wimax no se pusieron a pensar en las mexicanas que viven en una bóveda poblana. Aunque una bóveda dejaría pasar señal... vives en un bunker.
G Velázquez dijo…
ah, pues tú eres el experto en eso... yo ni siquiera pensé de qué están hechas las casas en japón, jeje. ahora que lo mencionas pienso: pues claro. pero antes no. tal vez dada mi paranoia sea mejor vivir en este búnker
LSz. dijo…
Nunca hay certeza. Sólo intuición. ¿Por qué no seguirla?
daviz dijo…
eso de la mitad del camino me ha gustado. Me pasé muchos años "atrapado" en una ciudad que sabía que no me gustaba y no era donde debía estar, pero no sabía dónde quería o debía estar, y no encontraba motivación en las posibilidades.
Ahora me alegro de no haberme precipitado en moverme hacia adelante solo "porque había que hacerlo".

paciencia, al final, se aclara solo...
todo ha sido tan raro / éramos tan chicos / y vas eligiendo / casi sin saber (buceo invisible - uy)

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