26.1.10

Luego de ir, venir, regresar, volver, ir, blablá, regreso a Puebla para quedarme estable más de una semana. En mi casa no hay tanto caos como de costumbre porque antes de irme organicé muchas cosas, tiré lo inservible, amontoné ordenadamente lo imprescindible. Aparentemente todo sigue igual que la última vez, el refrigerador ronca y sufre de espasmos al azar, no tengo internet en mi estudio, la exesposa del italiano muerto sigue gritándole a sus perros y a su hijo a todas horas. Lo que no está igual es el café, que está en una esquina ruidosa, al que vengo a 'trabajar' en línea; el mesero flaquito no está y en su lugar está una chica que cuando la vi se me hizo conocida. Primero pensé que era del collhi, de generaciones nuevas, ella se me quedó viendo y yo no sé qué cara hice. Cuando vino a traérme la carta -el flaquito ya sólo me preguntaba si lo de siempre-, me le quedé viendo intentando descifrar de dónde la conocía. Ella me dijo algo como: ¿ya no se acuerda de mí, verdad? Cuando me habló de 'usted' -terrible- supe que le había dado clases, su cara no me sonaba de la BUAP, así que le dije que la verdad era que no sabía muy bien quién era. Me dijo que era alumna de A, de la escuela tal y que yo le había dado clases cuando sustituí a mi amigo... Respondí un aaah, claro, bastante falso y me disculpé diciendo que luego de tantas caras me confundía y no me acordaba muy bien de los estudiantes. Ella lo comprendió perfectamente y repitió lo que le había pedido porque no me entendió muy bien por estar reconociéndonos. Sigo sin saber muy bien en qué semestre va o iba, si fue el ciclo anterior o antes; me siento mal por mi mala memoria docente, pero ahora sólo sé su nombre y que se besa con una chica que está sentada en la mesa de enfrente y bebe té frío. Me voy corriendo porque ya están cerrando...

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