A la mañana siguiente, antes de irme al trabajo, busqué el condón usado y no encontré nada. Así que es posible que se pusiera un condón y también es posible que se pusiera otra cosa. Pero ¿qué cosa? No lo sabré nunca y ahora me da igual saberlo o no saberlo, pero entonces, aquella mañana, mientras me vestía y hacía la cama, pensé en eso y en el peligro y en el amor y en todas las cosas de apariencia extraña que aparecen cuando menos te las esperas y que en realidad siempre son subterfugios de algo distinto, de otra cosa (de cosas realizables, no de cosas irrealizables), y luego me fui a trabajar, los demás dormían, mi hermano en su cuarto, sus dos amigos en la antigua habitación de mis padres, y las calles que recorrí ya no parecían las mismas del día anterior aunque yo sabía que eran las mismas, las calles no cambian de la noche a la mañana, es posible que en algunos lugares sí cambien, pero yo no conozco esos lugares, tal vez en África, pero aquí no, aquí la que estaba cambiando era yo y durante un buen rato caminé pensando en eso: estoy cambiando, estoy cambiando, pero cuando llegué a la peluquería me di cuenta de que seguía igual, las calles se habían movido ligeramente hacia la izquierda o hacia la derecha, hacia arriba o hacia abajo, pero yo seguía igual.
de Una novelita lumpen
Bolaño

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