19.9.09

Dios nos libre

Nunca me ha gustado el metro Balderas. Pensaba que tal vez era porque ahí debía transbordar muchas veces y siempre hay que dar mil vueltas; pero luego cuando descubrí los atajos siguió sin gustarme. A veces en esa estación dejo de ser yo de alguna manera y otras me recuerda parte de lo que soy/he sido. La última vez que transbordé ahí, vi a una chica convulsionándose que vomitaba como espuma, era un lunes lluvioso en la mañana y estaba atascado; cuando la vi ya la estaban atendiendo, parecía que iba sola, me impactó y entristeció mucho, me nubló el día que había empezado con buen café y buena compañía. Entonces pensé que ni Pantitlán era tan fea estación. Ayer, mientras estaba de ociosa me llegó la noticia y no me lo creía. El metro era uno de los pocos lugares en el DF donde me sentía segura y de ninguna manera paranoica, entrando o saliendo de, sí, pero adentro no. Ahora creo que será difícil, tenso, incómodo. Definitivamente eludiré el cruce rosa-verde por un tiempo, me iré a Pino Suárez aunque tarde más. Sigo un poco sin creer lo que pasó, veo el video y me parece absurdo cómo el grandulón actuó. Me queda claro que de nada sirven las películas hollywoodenses en esos casos, porque seguro te bloqueas y toda la sangre se te va a los pies -porque claro que la primera vez que lo vi, dije algo como: qué onda con los señores a los que les da la espalda el loco mientras el otro se le echa a los pies, por qué no lo derribaron, por qué no hicieron nada más que ver-. No sé, quiero creer que es un hecho aislado; sin embargo, no puedo dejar de pensar que esas cosas pasaban en Estados Unidos, por ejemplo, y no aquí. Los enfermos que obran por mandato divino estaban en otra parte. Ahora sólo puedo pensar en una canción de Pedro Guerra: Vela por nosotros y por nosotras, vela. Muchas y muchos creen que existe y, justo y generoso, vela por nosotras y por nosotros dicen que vela. Por eso los que traen a Dios en la boca cada vez me dan más miedo.

3 comentarios:

Greñuda dijo...

sí, Balderas es un laberinto. No hay para donde correr, no hay en donde refugiarse.

G Velázquez dijo...

claro!
ahora que lo dices, es un tanto claustrofóbico también...

daviz dijo...

que horror

me lo contó Xicoatl el dia que pasó, pero ... verlo ahora... que horrrible.

que forma absurda de morir.