27.8.09

El sábado pasado desperté con el peor humor de mi vida; tal vez se debió a una acumulación de circunstacias, no podría decirlo, sí tuvo que ver el evento al que asistí el día anterior, pero según yo ya lo había canalizado caminando desde el Auditorio hasta Santa María la Ribera. En esta vuelta al DF, tenía toda la intención de comprar un par de libros, dos diccionarios específicamente, pero todo había estado tan acelerado que no tuve tiempo de ir a la Rosario o a Miguel Ángel de Quevedo, que es donde siempre sé que hay lo que busco y donde siempre me encuentro feliz, aunque sea efímeramente -bueno ¿qué felicidad no es efímera?-. V insistía en que debía ir a Donceles, que ahí los encontraría a la mitad de precio, yo no creía, primero por las editoriales, luego por la temática de mis diccionarios, pero él siempre cree que como él lo dice ya es así, entonces fuimos, él obsesionado por encontrar los Cuadernos de Gramsci que le faltan a buscar, yo a ver qué se me aparecía... En alguna me acordé del Museo Poético que le debo a alguien, lo busqué y nada, pero eso me hizo ponerme a hablar de Elizondo, un blablablá enunciado desde una pila de libros en la que me recargaba, V escuchó y de repente me señaló algo de la pila de libros. Ahí estaba este recorte de Elizondo. Yo sé que hay miles de explicaciones racionales para eso, pero yo quise tomarlo como otra de sus apariciones en los momentos más oportunos... Terminé comprando un librito sobre el té chino que costaba 10 pesos, y luego, cuando más engentada y fastidiada estaba, en el plena calle encontré un libro de Cioran que no tengo, estaba en el pasaje junto a Minería, No lo pensé y lo compré, es curioso cómo Cioran se me aparece en los peores días o cuando tan incierta me siento. En la TAPO, mientras esperaba a que saliera el autobús, comencé a leerlo, justo cuando me atrapaba una señora se sentó a mi lado y se puso a preguntarme de qué era mi libro, que si era para la escuela, que si estudiaba, que qué , que cuántos años tenía, que de dónde era, que su hija tenía mi edad, que si era centroamericana, que si mi acento era muy particular, que guaraguá. Mentalmente le contestaba algo distinto a lo que le decía, y pensaba que nadie nunca me había dicho que parecía centroamericana. Luego de que se le agotó el interrogatorio, concluyó que no parecía centroamericana, más bien sudamericana, -síii, claro, como no-, suspiré un ah neutral y sin acento; terminó emocionada concluyendo que ya sabía! que mi acento era chileno, que hablaba como chilena, porque ella tenía mucho contacto con chilenos y hablaban justo como yo. Me quedé callada y mentalmente le respondí que seguramente era por leer tanto a Bolaño, me dio risa mi chiste, no se lo dije porque no me habría entendido y al explicarlo perdería toda la chispa que le encontré en ese momento. Le sonreí y en ese momento me salvó el anuncio de que había que abordar. Ella se fue corriendo a formar. Nunca he entendido por qué la gente se apura tanto para llegar a la puerta, de cualquier forma todos subirán, todos nos iremos al mismo tiempo. La señora estaba en un asiento cercano al mío, pero cuando yo ocupé mi lugar ella ya estaba interrogando al señor de junto, me puse los audífonos y seguí con Cioran. Tan pertinente, tan comprensivo...

3 comentarios:

daviz dijo...

qué oportunos, qué gran invento son los (reproductores de) mp3 en el transporte público. Te pones tus cascos y asi no tienes que aguantar la chapa de "típica señora en edad media-avanzada chapas"...

con decir que a veces los llevo aun sin música ...

G Velázquez dijo...

jaja
sí, salvan de muchas, pero a veces ni siquiera los audífonos respetan y se ponen a hablar y hablar... una vez me pasó con un señor al que estuve evitando desde el principio del viaje y que insistió tanto que al final cedí; fue curioso porque tuvimos la mejor conversación sobre el Quijote que jamás imaginé tener -y nada tenía que ver con la literatura-, también me contó su vida y la de su hermano, muy pintoresco y simpático, al final me deprimí un poco, porque no dejó de contarme cosas tristísimas y otras que me hicieron indignarme con la vida...

daviz dijo...

como diría mi amigo Malabarista: "eso es vivir"... :S

lo del quijote.. unmm no sería volviendo de Guanajuato!? Creo que ni en Castilla-La Mancha hay un municipio tan tan tan... ¿cervantino?