21.7.09

De una ciudad no disfrutas las siete o setenta y siete maravillas, sino la respuesta que da a una pregunta tuya.
Italo Calvino

D1
La ciudad me recibió amaneciendo. En todo el trayecto dormí poco, me despertaba cada cambio de ritmo del autobús. Tenía frío. Miraba por la ventana montañas ensombrecidas y paisajes desiertos. No tenía idea de dónde estaba. Sabía que horas antes habíamos pasado por la caseta de Matehuala, me sonaba pero no podía ubicar dónde era Matehuala. Permanecí más despierta cuando alcancé a ver un letrero que decía Monterrey. Cerati es un graaaaan compañero de viaje. La avenida por la que entramos era laaaaarga, tardamos mucho en girar a la derecha. La ciudad no me parecía ajena, pero al mismo tiempo la sentía desconocida. La primera impresión que tuve fue que en realidad no era tan grande como decían. Llegué a una terminal y deslumbrada tomé un taxi. Pedí que me llevara al hotel que me habían indicado, mencioné por dónde debía irse con una seguridad que al taxista le pareció por un momento que yo conocía la ciudad. Yo sólo repetía las instrucciones del e-mail. El taxista era de esos que aparentemente quieren platicar pero en realidad sólo les gusta hablar y hablar, necesitan que los escuchen, me dio la bienvenida a Monterrey mostrándome la primera plana de ese día: "Balacera. Matan a 6. Se enfrentaron federales contra narcos." Y justo en el momento en el que yo decía algo fingido como 'qué barbaridad', él señaló que la masacre había sucedido justo por donde íbamos. No pude evitar sentir escalofríos. El taxista habló y habló de la violencia de los últimos días, recitó cifras, sucesos, nombres de narcos, que si los zetas, que si los federales, que si los gringos… yo sólo miraba las calles y lo incitaba a continuar con algún monosílabo que denotaba mi total apoyo a sus palabras. En realidad yo no quería escuchar todo eso, me cuesta trabajo dejar de escuchar cuando la voz es desconocida. A esas alturas del camino, noté por primera vez el taxímetro, que por supuesto, no había prendido. Me vio la cara de turista. Cuestionó mi visita a la ciudad. Respondí a grandes rasgos, él sólo entendió que era un evento y se hablaría de violencia. Llegamos al hotel. Le pagué y se persignó, pensé en lo irónico que era que me hubiese cobrado de más y luego le diera gracias a Dios.
Olía a café de calcetín. Pregunté por mi cuarto y la recepcionista no encontraba mi nombre. Ella parecía más dormida que yo. Finalmente me encontró en la computadora y me dio la llave, amenazó que me iría mal si la perdía, recalcó lo importante que era para usar el elevador, me explicó cómo usarla como si fuera una salvaje incivilizada que nunca hubiese visto un elevador (primero me lo tomé personal pero luego me di cuenta por qué daban tantas explicaciones, en el elevador me topé con muchas personas que no tienen ni puta idea de cómo insertar una tarjeta -a pesar de que tiene flechas- y presionar un botón -a pesar de que las instrucciones están en sus narices-). 424. Conocí a mi roomie, I nos ubicó un poco en el centro de la ciudad -que me pareció lindo a secas-, era muy temprano y yo ya moría de calor, nos llevó a desayunar tacos de barbacoa con tortilla de harina, una delicia. […] Él se fue a trabajar. S y yo buscamos un café, yo lo necesitaba urgentemente. No encontramos nada abierto. Tuvimos que pedirle a un taxi que nos llevara al Starbucks más cercano. Ahí hablamos un poco, que si ella hacía esto, que si yo lo otro. Regresamos al centro y nos instalamos, nos despabilamos. Al poco tiempo ella se fue a hacer sus asuntos y yo me alisté para comenzar a explorar. Error. No es una buena idea explorar cuando se está a 38°C a la sombra. Luego de caminar un poco y sentir que me derretía y parte de mí se quedaba pegada a la banqueta, entré a un centro comercial, me acordé de un poema que habla de un poeta que se refugia en el aire acondicionado de un mall para leer. Vi todas las tiendas. Nada valía la pena. Busqué comida y me senté a leer un poco, comer y observar. Después de un rato decidí que era absurdo refugiarse en el aire acondicionado, así no lograría conocer nada. Me armé de valor y salí, caminé toda la Macroplaza, vi el caballito gordo de Botero -que es más como de Michelín- y me pareció una de las cosas más feas que he visto. Entré, por no dejar, a un museo que se decía gratuito. La exposición permanente -y única- contaba la historia del Estado, desde los grupos nómadas que pasaron por ahí hasta nuestros días. No sé cuántas salas recorrí. Dejé de poner atención en cierto momento. Todas las salas estaban tapizadas de letras que contaban cierto momento histórico, en el centro se encontraban objetos de la respectiva época, vestidos, máquinas de escribir, ropa, calculadoras antiguas, cascos, cosas… Diego de Montemayor fue el fundador de Nuevo León. Fray Servando Teresa de Mier fue representante de Nuevo León y apoyaba la creación de una República -por cierto que allá le dicen sólo Padre Mier-. Benito Juárez se estableció tres o cuatro meses ahí cuando el merequetengue de Maximiliano. Terminé de verlo todo con la esperanza de encontrar algo interesante aunque fuera al final. Nada. Me pareció que habían montado eso intentando forjar una identidad histórica inexistente o por lo menos carente. Regresé a la calle y mi cabeza protestó por el cambio brusco de temperatura. Y es que afuera hace mucho calor y adentro hace mucho frío. Pretendía recorrer el dichoso río artificial de Santa Lucía y llegar a la plaza fundidora, pero el panorama climático era demasiado agreste. A duras penas pude regresar al hotel, ni siquiera la sombra pudo hacerlo más leve. Por la tarde fuimos a un centro cultural en el Barrio Antiguo. La zona más linda que pude conocer. Me reconfortó el aire de viejo de la arquitectura. La noche terminó tarde en El Reforma con merecida cerveza de barril.
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[De aquí todo se sintetizará, porque justo así comencé a sentirme.]Nos despertó el teléfono. En recepción nos apuraban. Faltaban dos horas y media para que todo empezara. Había que desayunar, registrarse. No entendíamos la prisa y menos la agresión del teléfono escandaloso. Mi amigable despertador estaba por sonar a los tres minutos. Nos apuramos. Encontramos el desayuno que estaba incluido. Yo quería chilaquiles y ya no había. Comí calabazas con salsa verde y queso, y agua de papaya. Me pareció el desayuno más extraño del mundo. Yo necesitaba un juguito de naranja y chilaquiles. Llegamos a marco a registrarnos. Nos regalaron libros. Inauguraron y blá. Abrió DS. Me pareció más soporoso de lo que ya me parecía. Y acá entre nos repitió mucho de lo que ya le había escuchado en Puebla y en la cena de la noche anterior. Primera mesa, buen inicio. Segunda mesa, intensa. Comida deliciosa. Dormir un poco. Tercera mesa, bien. Cuarta mesa, no me acuerdo porque observaba al único regio guapísimo sentado una fila adelante que se movía como lombriz. Pasta blanca buenísima. Café Iguana, uno de los lugares más chilos ever. Caminar por el Barrio antiguo. Fiesta 506. Luego, ya lo olvidé. Dormir.
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Desperté a las pocas horas y sintiendo pánico terrible. No sirvió intentar dormir más. Hice todo lo que debía hacer en silencio. Bajé para alcanzar chilaquiles. Horribles. El café peor. El pan ni se diga. Mantuve una conversación a distancia para disminuir un poco el pánico, sirvió un poco. Á me lee su texto. Me impacta, dejo de pensar en lo mío. Office Depot para imprimir porque el centro de negocios estaba ocupado. Helado de yogurt. Espera. Calor calor calor. Me cuestionaba 438549854 cosas a mí misma al mismo tiempo. Á lee, deja a todos consternados. Una, dos, tres, yo. Voz temblorosa, lectura rápida y medio mala, edición de citas porque la sensación de que el tiempo y el calor están encima no se va. Pregunta por enésima vez del mismo sujeto, que si el fanatismo religioso, que si Jesucristo era mexicano, que si Adán y Eva y Octavio Paz. La mejor comida argentina para un día así. Mi segundo expreso doble en tres días, parecía un americano un poquito cargado. Definitivamente en esta ciudad el café y lo hecho con maíz no es precisamente su fuerte. La carne sí que lo es. Luego me cayó el día y el sueño, pensé en el boleto de regreso que no había comprado. Un poco de desencanto total me atacó. Tercera mesa del día, y yo ausente. Cuarta, de lejos y a medias. Un poeta que escribe versos propios y ajenos en las paredes nos lleva por nuestro boleto y nos lleva a pasear. Cuenta historias. Se me va el desencanto. Me gustan las historias de las ciudades. Pasamos por la casa en la que nació Alfonso Reyes y ahora es un estacionamiento, un busto pequeñísimo del intelectual está afuera. Vemos algunas bardas con los versos, nos cuenta que existen las que él hace y otras piratas. Pasamos por una avenida que se llama Alfonso Reyes, dice que hay como 6. Nos lleva al pie del Cerro de la Silla, atardece en un mirador con un monumento a AR. Tomamos fotos. Veo que la ciudad sin nosotros es realmente grande, curiosamente estando en ella no lo parece. Regresamos al centro y vamos a la cena. En el camino nos perdemos un poco, caminamos mucho y vemos otras caras urbanas que salen en mis fotos. Por tres horas olvidé el desencanto, me llega el cansancio. Cena, bla. Duermo temprano viendo los simpson y escuchando la fiesta de afuera.
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Nos escapamos a desayunar en otra parte. Buscamos algo que comprar. Nada interesante. Nada vale la pena. Escuchamos lo que queda de las mesas. Más comida buena, cuántos kilos más tendremos todos. Se acerca el fin. Dos mesas más y luego JG. Buenos poemas. El necio de la pregunta cierra y se queda sin respuesta. Más y más comida para terminar. Noche corta. Despedida.
***
Sigo buscando adjetivos para calificar y determinar el viaje, pero la respuesta a todo lo demás fue clara.

4 comentarios:

Sonic Reducer dijo...

¿Podrías denominarlo "Regio"? Nahhh, creo que esta vez el gentilicio no pasa como adjetivo.
Y sí, Monterrey invita al éxodo. Hasta Alfonso Reyes lo supo a tiempo.
Un abrazote.

LSz. dijo...

vaya viaje, vaya crónica.

Saludos freseros.

G Velázquez dijo...

sonic:
definitivamente regio no, luego te cuento la redefinición que hice del término =) Gracias por pasar, abrazo

L:
vaya que sí!
saludotes

Anónimo dijo...

Claro ke piensas eso de monterrey ia ke no saliste del cntro de la cd visitaste lugares muy komerciales, se ve ke no konociste o no te llevaron a visitar las mil y un galerias los museos deverdad buenos o los centros realmente turistikos y kulturales este es un estado ke grandes artistas han akogido komo su kaza komo ejemplo simple el maestro Julio Galan