30.7.09

más fotitos de Cerro de San Pedro

[donde, se dice, comenzó San Luis Potosí como estado... donde encontré a un señor con una casa llena de cactus para vender y con quien hablé mucho sobre cactus y le preguntaba y me fascinaba con sus respuestas y en cómo hablaba de ellos y cómo decía que los trataba, no me quería ir de ahí, pero ya teníamos que correr a la central de autobuses... donde hay una minera -San Javier- que está destruyendo la zona y contaminándolo todo y no los pueden parar porque en este país no importa cuánto dañe sino cuánto dinero salga de cualquier actividad... donde tomé muuuuchas fotos que quiero imprimir y enmarcar y regalar... donde me iría a encerrar en alguna casa fantasma para escribir y escribir y aislarme de la civilización y la vida moderna...]

29.7.09

Cómo han pasado los años...

La semana pasada leí en algún lugar que el messenger había cumplido ya diez años. Me congelé. Pensé algo como: ¡en realidad ha pasado tanto tiempo! Y entonces comencé a recordar frenéticamente cómo cuando estaba por salir de tercero de secundaria el internet llegó a mi vida. Inicialmente el ICQ era lo que usaba para comunicarme con mi mejor amigo que estaba en Canadá -¿ahora quién demonios lo usa? me encantaba el sonido cuando llegaban los mensajes "oh.oh"- . De ahí comenzaron todas las historias cibenérticas de mi vida. Son tantas que no sabría por dónde empezar y cuándo terminaría. [Seguro a todos las tienen, quién no se ha terminado de enamorar por el messenger-o peor aún, enamorado perdida y estúpidamente con letras y sin foto de perfil, jo-, quién no ha confesado cosas que nunca se atrevería, quién no se ha hecho falsas ilusiones por las conversaciones nocturnas, quién no ha pasado noches enteras hablando de cualquier cosa o teniendo LA conversaciòn, cuántos insomnes no se habrán encontrado en la madrugada para distraerse y olvidar que no pueden dormir, cuántos no se han reencontrado, cuántos desencuentros, cuántos no han hecho citas inmorales, cuántas promesas, cuántos besos perdidos en letras estarán atrapados, cuántos deseos, cuántos planes, cuántas horas mostrándose como disponible, cuánto tiempo!.] La conexión todavía era por teléfono y me maravillaba. Ahora me parece lo más lento del mundo. Creo que ni siquiera imaginaba las redes inalámbricas. En realidad no me ponía a pensar còmo evolucionaría la tecnología. Lo cierto es que a veces me sigo sorprendiendo, aunque a estas alturas ya deberìa de parecerme lo más natural del mundo...
Ayer platicaba un poco sobre esto con Ren, concluimos que los de nuestra generación somos nietos de la televisión y padres del messenger... Eso sí que es fuerte, nos estamos haciendo viejos, viejísimos.

jijijijji

debería de haber uno así, cambiarían taantas cosas =)

21.7.09

De una ciudad no disfrutas las siete o setenta y siete maravillas, sino la respuesta que da a una pregunta tuya.
Italo Calvino

D1
La ciudad me recibió amaneciendo. En todo el trayecto dormí poco, me despertaba cada cambio de ritmo del autobús. Tenía frío. Miraba por la ventana montañas ensombrecidas y paisajes desiertos. No tenía idea de dónde estaba. Sabía que horas antes habíamos pasado por la caseta de Matehuala, me sonaba pero no podía ubicar dónde era Matehuala. Permanecí más despierta cuando alcancé a ver un letrero que decía Monterrey. Cerati es un graaaaan compañero de viaje. La avenida por la que entramos era laaaaarga, tardamos mucho en girar a la derecha. La ciudad no me parecía ajena, pero al mismo tiempo la sentía desconocida. La primera impresión que tuve fue que en realidad no era tan grande como decían. Llegué a una terminal y deslumbrada tomé un taxi. Pedí que me llevara al hotel que me habían indicado, mencioné por dónde debía irse con una seguridad que al taxista le pareció por un momento que yo conocía la ciudad. Yo sólo repetía las instrucciones del e-mail. El taxista era de esos que aparentemente quieren platicar pero en realidad sólo les gusta hablar y hablar, necesitan que los escuchen, me dio la bienvenida a Monterrey mostrándome la primera plana de ese día: "Balacera. Matan a 6. Se enfrentaron federales contra narcos." Y justo en el momento en el que yo decía algo fingido como 'qué barbaridad', él señaló que la masacre había sucedido justo por donde íbamos. No pude evitar sentir escalofríos. El taxista habló y habló de la violencia de los últimos días, recitó cifras, sucesos, nombres de narcos, que si los zetas, que si los federales, que si los gringos… yo sólo miraba las calles y lo incitaba a continuar con algún monosílabo que denotaba mi total apoyo a sus palabras. En realidad yo no quería escuchar todo eso, me cuesta trabajo dejar de escuchar cuando la voz es desconocida. A esas alturas del camino, noté por primera vez el taxímetro, que por supuesto, no había prendido. Me vio la cara de turista. Cuestionó mi visita a la ciudad. Respondí a grandes rasgos, él sólo entendió que era un evento y se hablaría de violencia. Llegamos al hotel. Le pagué y se persignó, pensé en lo irónico que era que me hubiese cobrado de más y luego le diera gracias a Dios.
Olía a café de calcetín. Pregunté por mi cuarto y la recepcionista no encontraba mi nombre. Ella parecía más dormida que yo. Finalmente me encontró en la computadora y me dio la llave, amenazó que me iría mal si la perdía, recalcó lo importante que era para usar el elevador, me explicó cómo usarla como si fuera una salvaje incivilizada que nunca hubiese visto un elevador (primero me lo tomé personal pero luego me di cuenta por qué daban tantas explicaciones, en el elevador me topé con muchas personas que no tienen ni puta idea de cómo insertar una tarjeta -a pesar de que tiene flechas- y presionar un botón -a pesar de que las instrucciones están en sus narices-). 424. Conocí a mi roomie, I nos ubicó un poco en el centro de la ciudad -que me pareció lindo a secas-, era muy temprano y yo ya moría de calor, nos llevó a desayunar tacos de barbacoa con tortilla de harina, una delicia. […] Él se fue a trabajar. S y yo buscamos un café, yo lo necesitaba urgentemente. No encontramos nada abierto. Tuvimos que pedirle a un taxi que nos llevara al Starbucks más cercano. Ahí hablamos un poco, que si ella hacía esto, que si yo lo otro. Regresamos al centro y nos instalamos, nos despabilamos. Al poco tiempo ella se fue a hacer sus asuntos y yo me alisté para comenzar a explorar. Error. No es una buena idea explorar cuando se está a 38°C a la sombra. Luego de caminar un poco y sentir que me derretía y parte de mí se quedaba pegada a la banqueta, entré a un centro comercial, me acordé de un poema que habla de un poeta que se refugia en el aire acondicionado de un mall para leer. Vi todas las tiendas. Nada valía la pena. Busqué comida y me senté a leer un poco, comer y observar. Después de un rato decidí que era absurdo refugiarse en el aire acondicionado, así no lograría conocer nada. Me armé de valor y salí, caminé toda la Macroplaza, vi el caballito gordo de Botero -que es más como de Michelín- y me pareció una de las cosas más feas que he visto. Entré, por no dejar, a un museo que se decía gratuito. La exposición permanente -y única- contaba la historia del Estado, desde los grupos nómadas que pasaron por ahí hasta nuestros días. No sé cuántas salas recorrí. Dejé de poner atención en cierto momento. Todas las salas estaban tapizadas de letras que contaban cierto momento histórico, en el centro se encontraban objetos de la respectiva época, vestidos, máquinas de escribir, ropa, calculadoras antiguas, cascos, cosas… Diego de Montemayor fue el fundador de Nuevo León. Fray Servando Teresa de Mier fue representante de Nuevo León y apoyaba la creación de una República -por cierto que allá le dicen sólo Padre Mier-. Benito Juárez se estableció tres o cuatro meses ahí cuando el merequetengue de Maximiliano. Terminé de verlo todo con la esperanza de encontrar algo interesante aunque fuera al final. Nada. Me pareció que habían montado eso intentando forjar una identidad histórica inexistente o por lo menos carente. Regresé a la calle y mi cabeza protestó por el cambio brusco de temperatura. Y es que afuera hace mucho calor y adentro hace mucho frío. Pretendía recorrer el dichoso río artificial de Santa Lucía y llegar a la plaza fundidora, pero el panorama climático era demasiado agreste. A duras penas pude regresar al hotel, ni siquiera la sombra pudo hacerlo más leve. Por la tarde fuimos a un centro cultural en el Barrio Antiguo. La zona más linda que pude conocer. Me reconfortó el aire de viejo de la arquitectura. La noche terminó tarde en El Reforma con merecida cerveza de barril.
D2
[De aquí todo se sintetizará, porque justo así comencé a sentirme.]Nos despertó el teléfono. En recepción nos apuraban. Faltaban dos horas y media para que todo empezara. Había que desayunar, registrarse. No entendíamos la prisa y menos la agresión del teléfono escandaloso. Mi amigable despertador estaba por sonar a los tres minutos. Nos apuramos. Encontramos el desayuno que estaba incluido. Yo quería chilaquiles y ya no había. Comí calabazas con salsa verde y queso, y agua de papaya. Me pareció el desayuno más extraño del mundo. Yo necesitaba un juguito de naranja y chilaquiles. Llegamos a marco a registrarnos. Nos regalaron libros. Inauguraron y blá. Abrió DS. Me pareció más soporoso de lo que ya me parecía. Y acá entre nos repitió mucho de lo que ya le había escuchado en Puebla y en la cena de la noche anterior. Primera mesa, buen inicio. Segunda mesa, intensa. Comida deliciosa. Dormir un poco. Tercera mesa, bien. Cuarta mesa, no me acuerdo porque observaba al único regio guapísimo sentado una fila adelante que se movía como lombriz. Pasta blanca buenísima. Café Iguana, uno de los lugares más chilos ever. Caminar por el Barrio antiguo. Fiesta 506. Luego, ya lo olvidé. Dormir.
D3
Desperté a las pocas horas y sintiendo pánico terrible. No sirvió intentar dormir más. Hice todo lo que debía hacer en silencio. Bajé para alcanzar chilaquiles. Horribles. El café peor. El pan ni se diga. Mantuve una conversación a distancia para disminuir un poco el pánico, sirvió un poco. Á me lee su texto. Me impacta, dejo de pensar en lo mío. Office Depot para imprimir porque el centro de negocios estaba ocupado. Helado de yogurt. Espera. Calor calor calor. Me cuestionaba 438549854 cosas a mí misma al mismo tiempo. Á lee, deja a todos consternados. Una, dos, tres, yo. Voz temblorosa, lectura rápida y medio mala, edición de citas porque la sensación de que el tiempo y el calor están encima no se va. Pregunta por enésima vez del mismo sujeto, que si el fanatismo religioso, que si Jesucristo era mexicano, que si Adán y Eva y Octavio Paz. La mejor comida argentina para un día así. Mi segundo expreso doble en tres días, parecía un americano un poquito cargado. Definitivamente en esta ciudad el café y lo hecho con maíz no es precisamente su fuerte. La carne sí que lo es. Luego me cayó el día y el sueño, pensé en el boleto de regreso que no había comprado. Un poco de desencanto total me atacó. Tercera mesa del día, y yo ausente. Cuarta, de lejos y a medias. Un poeta que escribe versos propios y ajenos en las paredes nos lleva por nuestro boleto y nos lleva a pasear. Cuenta historias. Se me va el desencanto. Me gustan las historias de las ciudades. Pasamos por la casa en la que nació Alfonso Reyes y ahora es un estacionamiento, un busto pequeñísimo del intelectual está afuera. Vemos algunas bardas con los versos, nos cuenta que existen las que él hace y otras piratas. Pasamos por una avenida que se llama Alfonso Reyes, dice que hay como 6. Nos lleva al pie del Cerro de la Silla, atardece en un mirador con un monumento a AR. Tomamos fotos. Veo que la ciudad sin nosotros es realmente grande, curiosamente estando en ella no lo parece. Regresamos al centro y vamos a la cena. En el camino nos perdemos un poco, caminamos mucho y vemos otras caras urbanas que salen en mis fotos. Por tres horas olvidé el desencanto, me llega el cansancio. Cena, bla. Duermo temprano viendo los simpson y escuchando la fiesta de afuera.
D4
Nos escapamos a desayunar en otra parte. Buscamos algo que comprar. Nada interesante. Nada vale la pena. Escuchamos lo que queda de las mesas. Más comida buena, cuántos kilos más tendremos todos. Se acerca el fin. Dos mesas más y luego JG. Buenos poemas. El necio de la pregunta cierra y se queda sin respuesta. Más y más comida para terminar. Noche corta. Despedida.
***
Sigo buscando adjetivos para calificar y determinar el viaje, pero la respuesta a todo lo demás fue clara.

15.7.09

Siempre es bueno acordarse de Bolaño. Lately Bolaño is all around. Pero hoy me acuerdo más porque cumple 6 años de haber muerto. Hace poco leí una historia de amor de sus últimos días. Una historia, como deben de ser las historias de amor, agridulce, muy ad hoc a todo el personaje que era o que supongo que era o que quiero pensar que era o que creo que él quería que creyéramos que era o que simplemente me imagino. Acá dos fragmentos en los que puse banderitas de color amarillo en mi 2666 y que me saltaron ayer por libromancia mientras pensaba qué escribiría hoy -curioso que de tantas banderitas que le puse salgan estos que quedan con ciertas cosas con las que he estado divagando en estos días-. Sospecho que cuando dejen de salir cosas de su baúl para ser publicadas se le extrañará tanto...
Amalfitano tenía unas ideas un tanto peculiares al respecto. No las tenía siempre, por lo que tal vez sea excesivo llamarlas ideas. Eran sensaciones. Ideas-juego. Como si se aproximara a una ventana y se forzara a ver un paisaje extraterrestre. Creía (o le gustaba creer que creía) que cuando uno está en Barcelona aquellos que están y que son en Buenos Aires o DF no existen. La diferencia horaria era sólo una máscara de la desaparición. Así si uno viajaba de improviso a ciudades que en teoría no debían existir o aún no poseían el tiempo apropiado para ponerse en pie y ensamblarse correctamente, se producía el fenómeno conocido como jet-lag. No por tu cansancio sino por el cansancio de aquellos que en aquel momento, s tú no hubieras viajado, deberían de estar dormidos. Algo parecido a esto, probablemente, lo había leído en alguna novela o en algún cuento de ciencia ficción y lo había olvidado. [p. 243]
Me dirá usted que la literatura no consiste únicamente en obras maestras sino que está poblada de obras, así llamadas menores. Yo también creía eso. La literatura es un vasto bosque y las obras maestras son los lagos, los árboles inmensos o extrañísimos, las elocuentes flores preciosas o las escondidas grutas, pero un bosque también está compuesto por árboles comunes y corrientes, por yerbazales, por charcos, por plantas parásitas, por hongos y por florecillas silvestres. Me equivocaba. las obras menores, en realidad, no existen. Quiero decir: el autor de una obra menor no se llama fulanito o zutanito. Fulanito y zutanito existen, de eso no cabe duda, y sufren y trabajan y publican en periódicos y revistas y de vez en cuando incluso publican un libro que no desmerece el papel en el que está impreso, pero esos libros o esos artículos, si usted se dija con atención, no están escritos por ellos. [pp. 982-983]
Justo en estos momentos estoy viajando hacia Monterrey. Estoy en el autobús. Han apagado la televisión que yo no veía. Decidí probar qué tan cierto era eso de que había internet inalámbrico en el autobús. Mi pila dura poquísimo así que sólo es un post efímero para dar fe que el internet del ETN funciona muy bien. Salí a las 10.20 de Querétaro, mi intención era irme más tarde para no llegar tan de madrugada y que el sueño me ganara en el camino. Me cuesta mucho trabajo dormir cuando viajo de noche. Creo que en el fondo es un poco de miedo/angustia de que pase algo y yo esté dormida. No sé si lograré dormir en alguna de estas horas que me restan de camino. Los autobuses para 'ejecutivos' son la onda, estoy a mis anchas en un asiento para mí sola, aislada de cualquier otro asiento pegado a mí. A ver qué pasa. Llegaré muy ojerosa, eso que ni que. Hace rato me acordé que tengo pánico escénico, el jueves tengo que leer mi ensayo. No me acuerdo qué hice para los nervios la última vez que tuve pánico escénico. Cambio y fuera. Pila muere.

9.7.09

Hace un mes alguien me dijo que tenía que acordarme de la fecha. Tardé mucho en saber para qué. Él me preguntaba cuántos días iban, yo contaba y le decía. No preguntaba para qué era la cuenta. Cuando ya habían pasado 19 días finalmente me dijo que tal vez era tiempo de revisar mi buzón. No me imaginaba que contaba días por eso. Hice que mi casera cambiara el candado del buzón para que yo también tuviera llave. Llevo una semana y media abriéndolo 3 veces al día. No he encontrado mucho, sólo recibos, publicidad, basura, piedritas. Nada para mí. No ha pasado un día en el que no piense qué será, una carta, una postal, un recado, un dibujo, un chocolate, un cd, una foto... Lo que creo más probable es que sea una postal, sospecho que no necesita un acuse de recibo, así que no pondrá su dirección; además del remitente siempre he recibido pocas palabras, por lo tanto una postal es lo más lógico. Ahora pienso en muchas cosas a la vez. Que tal vez lo que debo recibir se cayó al mar mientras volaba y está entre peces. También sospecho que el día que él fue al correo llegó tarde y justo unas horas antes había salido un saco para México, así que lo mío tuvo que esperar unos días a que se hiciera un montoncito. Después, tal vez, el saco esperó mucho tiempo en el aeropuerto del DF para ser enviado a Puebla -¿cuántos sobres a la semana llegarán del otro lado del mundo para Puebla?-, y justo el día que llegó a la oficina central del Parián, los que se encargan de clasificar tenían mucho calor y se fueron al Oasis por una promo, dejando el saco con lo que debo recibir para otro día. Pasaron más días y llegaron más sacos que pusieron encima del mío. Se les ha olvidado. Les ha dado flojera con la lluvia. El encargado tal vez está enfermo porque un día se empapó camino a casa, no puede salir de tanto que estornuda. Quizás estén esperando a que se acumulen cosas que repartir en la ruta que pasa frente a mi casa. Tal vez atropellaron a mi cartero y está muerto; o se ponchó la llanta de su bici y no la ha arreglado; o se rompió su saco y están reparándolo... Hace rato fui a reclamar/preguntar, me dijeron que si apenas era un mes debía esperar un poco más, porque en promedio es lo que tarda. Les dije que no era cierto, que tardaban menos, que otras cosas me habían llegado hasta en una semana, argumenté que era muy importante, que si ellos no podían yo estaba dispuesta a ir cada vez que fuera necesario por el correo de mi casa. Dijeron que para eso les pagaban a ellos. Yo quería decirles que probablemente no les pagaban losuficiente porque no lo hacen muy bien, pero me quedé callada porque en realidad a mí no me ha ido tan mal con el servicio, generalmente recibo todo y a tiempo, aunque sean postales lindas no se las vuelan, sin embargo ahora no sé por qué no llega justo cuando más desespero ansiosa y curiosamente. Él piensa que ya fue demasiado tiempo y no llegará, quiere decirme de qué se trataba todo, qué había enviado, cómo era, qué decía y por qué es tan triste que algo tan significativo se haya perdido. Yo todavía no quiero saber, creo que necesito esperar un poco más. Lo peor es que mañana me voy por 13 días. Así que además de esperar que llegue, esperaré que esté cuando regrese...