Es bien sabido lo hostil que puede ser el mundo. Es decir, en las calles, las personas, más en ciertas ciudades, más en cierta época del año... todo depende del contexto. Incluso todos hemos sido así en alguna ocasión, algunos siempre son así. Pero ahora he notado cómo el grado de hostilidad y maleducación de la gente se ha triplicado, ya no depende tanto del contexto o del humor. Y todo es por la dichosa influenza porcina. El lunes y martes que tuve que ir a CU, en el camión estornudé un par de veces, por cualquier cosa -cabello mojado, polvo, sol, contaminación-, y la gente se ponía tensa, miraban hacia donde yo estaba temerosos, una señor hasta se cambió de lugar, nadie en ningún momento dijo salud -cuando antes eso nunca faltaba, todos decían salud 45 veces-. Sin embargo, hoy fue el acabose cuando iba caminando y estornudé, un señor que caminaba en sentido contario por la misma banqueta, se detuvo en seco y en un solo movimiento se hizo para atrás y me miró como si fuera la cosa más desagradable del planeta. A mí, evidentemente me dio mucha risa, pero sí que les ha afectado la televisión y la paranoia colectiva. Además, qué curioso, ¿no? La costumbre de decir salud -o por lo menos lo que me contó alguien y yo me lo creí-, cuando alguien estornuda, comenzó cuando los tiempos de la peste, el Papa Algunodesos ordenó que se bendiciese a aquél que estornudara para evitar el desarrollo de la enfermedad; ahora, parece que todos te desean con influenza porcina y lejos de ellos. 

Comentarios

Entradas populares