Hoy regresé al café en el que estaba cuando me llamaste aquél día después de aquél viernes. Aquella llamada en la que tu voz sonaba juguetona y ante la que yo no sabía muy bien cómo responder. Ése día desperté pensando en que apenas habían pasado cinco días y que seguramente los próximos seguiría contándolos; el resto del día se me olvidó todo, cuando llamaste, todo regresó de golpe y el expresso me supo distinto, tal vez más amargo que nunca, y pensé que en esos momentos podría estar tomando uno contigo, luego me llegó la imagen de mí misma sentada afuera del metro viendo cómo pasaban los coches, tomando el sol mientras decidía a dónde ir, escuchando 12 veces la canción de Cerati que nunca subí y que en ese momento era perfecta, comiendo empalagada los chocolates que sobraron, intentando asimilar un poco lo que acababa de pasar, recordando cuántas veces nos habíamos despedido antes y cuántas no habían sido efectivas,  riéndome de mí misma porque nunca me esperé que ese día pasara algo así y porque lo de Cerati ya me lo sospechaba, sintiendo contradicciones mientras recordaba los versos que me faltaron del poema de Benedetti, preguntándome qué tan pertinente había sido mencionar el tema, murmurando los cinco versos del poema de Apollinaire... Curiosamente después de esa llamada, de ese expresso dejé de contar los días, y al poco tiempo dejé de añorar y lamentarme por la ficción que me había inventado y sentía había perdido; fue cuando reparé en que no podía sólo desaparecer porque extrañaba pensarte en presente, entonces me llené de saudade de ti y comencé a extrañar a la persona, no a la idea. Fue cuando la canción de Maria Rita.  Estando en la playa fui a andar en bicicleta tres días seguidos. Tal vez en esos momentos era cuando más me acordaba de ti. La pista está en medio de un manglar y es uno de los paseos más hermosos que se pueden tomar. No dejé de pensar que, quizás, eso te hubiese encantado. Decidí que era algo que podría y querría hacer todos los días de mi vida, pero no tengo cerca ningún manglar ni tampoco una bicicleta que sirva. Cuando podía, aceleraba y cuando ya no podía ir más rápido, soltaba el volante y me dejaba llevar; así como contigo. En los diez kilómetros parecía que no había tiempo, no pesaba nada y sintiendo que no pasaba el tiempo era cuando más claramente pensaba en mis preguntas a ciegas. No tomé fotos porque no hubiese podido decidirme por unas cuantas tomas, era hermosamente inabarcable... Ya descubrí por qué siempre has salido muy bien en las fotos que yo te tomo, tiene algo que ver con la mirada; tal vez te lo cuente un día de estos si sale al tema, igual tienen que ver con los otros grandes descubrimientos, aunque no sé si las razones vayan a convencerte.

Comentarios

Renato dijo…
=) éstos son el tipo de post a los que me refería aquella vez que tomamos café: los que "le hablan"
Jesus dijo…
Hay momentos que no es posible fotografiar, es mejor dejarlos vivir en el recuerdo, un instante es bastante efimero, pero cuando trascienden en nuestro ser es imposible borrarlos de la memoria, y hasta parecen enriqueserce en detalles con el paso del tiempo... al menos hasta que suceda el fenomeno inverso y todo comience a caer en el olvido, afortunadamente eso no me ha sucedido, al menos eso creo, y si ha pasado, ya se me olvido.
Anónimo dijo…
qué bonito pasto, ¿sí es pasto, verdad?
un saludo Gina,
Yan
G Velázquez dijo…
reny ren:
sí ya sé, el puuro morbo. Ya te había dicho el porqué de la ausencia de este tipo de post :P
¿Ya buscaste los supuestos poemas?
N-a-d-a-d-e-p-o-e-m-a-s

Jesús:
Totalmente de acuerdo, a veces, es más fácil perder la foto que el recuerdo en la memoria

Yan:
era como pasto, no sé cómo se llame exactamente, pero lo usan mucho para centros de mesa y adornitos.
Ya regresé a Puebla, a ver cuándo nos tomamos un café y planeamos aquél asunto...

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