Regresé a Puebla el miércoles antes del medio día, hice bien en desamañanarme para viajar aunque las pocas horas de trayecto me parecieron pesadísimas, quizás fueron los dos pésimos compañeros de asiento que tuve en los dos autobuses, que no pude dormir, y que no dejé de pensar en lo distinto que sería regresar sin mi ficción, después de volver a mí. Al entrar en mi casa tuve la sensación de que me había ido mucho tiempo, más del que en realidad me había ido, sólo casi dos semanas. Me quedé en la puerta viéndolo todo y pensando en lo poco que había pasado que para mí era mucho. Fue entonces cuando me percaté que ya no me dolía la garganta, pues toda la semana había estado con las amígdalas inflamadas y algún día me dolía hasta hablar. Lo atribuí al clima, a la medicina, al propóleo, pero terminé afrontando que probablemente era más mental que cualquier cosa. Eso me da miedo, que todo esté en mi mente, y que en teoría pueda controlarlo pero no sea así.Todo estaba como lo había dejado, peor que campo de batalla -como si eso fuera raro, jo-. Comencé a deshacer la maleta, porque si no lo hago de inmediato puede quedarse ahí felices días y semanas, para luego ordenar el resto; no llegué ni a la mitad porque me fui a la conferencia de prensa de A y V, y luego a comer, al cafecito, y blá... Regresando me encontré con una araña que dormía en una playera que estaba en el piso, nunca había visto una así en mi cuarto, era muy rara porque se hacía bolita, tenía sólo 5 patas y parecía que caminaba de lado. Como nunca mato arañas y no sabía si era de las que muerden o no la saqué al primer patio, para que encontrara un sitio, se la pasó dando vueltas desorientada, caminando despacito. Luego no volví a encontrarla. No termino de responderme de dónde habrá salido, no termino de explicarme por qué siempre me pregunto esas cosas...

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