Es curioso cómo, a veces, algunas cosas que deseamos/ queremos/ nos hacen ilusión/ imaginamos llegan años tarde, años muy tarde. Evidentemente no llegan como las pensamos, pero las oportunidades se presentan más o menos con los mismos apellidos, las mismas caras, escenarios parecidos, los mismos tonos de voz. En este momento pienso en un par de veces específicas. Y en ambas ocasiones no he tomado "la oportunidad". Sólo porque no quiero. Me sonrío y digo ya no. Ahora divago en que tal vez nunca quise y por eso nunca pasó; muchos me han hecho creer que está comprobado que lo que quiero siempre lo consigo, entonces si no fue es porque realmente yo no quise. A veces me lo creo, a veces no. En realidad no podría decir que es por una cosa o por otra, sólo me da un noséqué risueño pensar que alguna vez pude haberme derretido por una o dos mentiras encantadoras, y ahora simplemente no me las quiero creer; llegaron justo cuando no las necesitaba, justo cuando dejé de esperarlas. El nivel de dificultad y creatividad requerido va subiendo con los años. ¿Debería de ser al revés?

Comentarios

muuuuy buen post

los deseos se cumplen, pero nosotros ya no somos los mismos; dejamos a nuestros deseos vestidos y esperando; los hemos traicionado, abandonado por otros deseos, o en los peores casos (es decir, a medida que pasa el tiempo), por ninguno: de a poco vamos prefiriendo lo conocido a lo desconocido
G Velázquez dijo…
totalmente de acuerdo con lo primero y lo segundo; pero lo tercero, no sé, en parte, sí se traicionan, pero abandonarlos u olvidarlos, tal vez para mí funcione al revés, prefiero lo desconocido a lo conocido, porque los deseos comienzan ahí, en la curiosidad de lo que se quiere conocer...

saludos con la sensación de que lo último que escribí, no he podido explicarlo bien

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