1.2.09

Hace casi un mes poseo esta información, pero no la había anunciado porque no estaba segura de que fuera una broma, tenía que escucharlo, hacer muchas preguntas y quedar convencida. Ahora es una realidad, al menos eso parece. Mi amigo gay -que no es gay, pero funge ese papel en mi vida-, nuestro Piel Divina, se casa. Sí. Y con una mujer, una ex-novia de hace 12 años con la que se reencontró en diciembre. Lo contó detalladamente y suena a una bonita historia de amor, como para hacer un cortometraje cómico. Sin embargo, debo confesar que a mí no me convence, así que desde que llegó ayer, me la he pasado cuestionándole un montón de cosas, sobretodo en los puntos prioritarios para él. Me ha recriminado que en algunos aspectos lo he hecho dudar, de eso se trataba, jo. De cualquier forma lo hará, según él. Ya hasta está pensando en que la boda podría ser en Cuévano, como una especie de reencuentro con todos los amigos de esos rumbos. Incluso piensa en la hija que va a tener y me ha nombrado la madrina. Tiene muchos planes. Se ve bien. Da gusto verlo así, en verdad. Lo único predecible -y que ya ha comenzado a suceder- es que se siente como tocado por Zeus y habla de las relaciones de los demás con autoridad, me echa en cara mis no-relaciones y se la pasa diciéndome lo que él cree que necesito, de por sí ya lo hacía antes, pero ahora es peor porque saca frases como: ahora que yo tengo una estabilidad emocional considero que deberías de tener algo en serio, algo como Cristina y yo, dejar esos amores imposibles porque blablablablá. Eso es horrible, no saben lo que es oírlo decir todas esas cosas; bueno, los que lo conocen ya saben cómo es. Ya no es musulmán, ni new age, tampoco ha entrado a ninguna secta. No trae ninguna onda extraña en estos momentos. Se casará por la iglesia por obligación política. Dice que si alguien, de Guanajuato, ve a su exnovia por favor le avise. Sigue siendo activista y pensando en la tesis que hará cuando un buen día de estos termine la carrera. Puedo asegurar que en muchos aspectos no cambiará nunca. Lo que sí es seguro es que he perdido a mi amigo gay para siempre, ya no arreglará mis tendederos, ni comeremos hasta reventar mientras vemos los simpson, tampoco zurcirá mis jergas ni me hará dobladillos, no volveremos a ir de compras inúltiles a las importaciones, ni me ayudará a elegir una bolsa coqueta, ni me pintará las uñas, ni tantas cosas ociosas... No habrá más maestra Chayito, ni fiestas electrochenteras...  Tan triste, pero qué hacer, ya sé que casi nada es para siempre... 

5 comentarios:

el fantasma de García dijo...

Tranquila. No va a funcionar.

LSz. dijo...

Jo. Que la boda sea en Cuévano y que bailen los amigos del novio como en otros tiempos.

Renato dijo...

ya ves? Inevitablemente los amigos y amigas se casan, eso nos pone a nosotros en una posición terrible. Mientras ellos entran cómodamente a la 'vida adulta responsable', nosotros nos quedamos en el limbo de los veint-y-tantos, esperando que las cosas se solucionen de otra forma que no implique tener responsabilidades de ese tipo. Llorando como nenas, por la juventud que se va... :P

calixta dijo...

La boda debería de ser temática: electrochentas con la participación especial de la maestra Chayito y TODOS sus pupilos.
Chale cuántas cosas han pasado! El tiempo se va volando y el mundo es un pañuelo!

G Velázquez dijo...

fdg:
uuuy, pero si no funciona, no sabes los años de terapia que tendré que dar!

L:

sería la onda
aunque no me gusten las bodas

R:
insisto en que eso de referirse a las nenas como símbolo de la debilidad no me gusta nada. ¿Quién llora? Nosotros, verdad? No sé, tal vez en su caso sea la crisis de los thirty-something...

D:
sí, lo es, y como solías completar: lleno de mocos.
No creo que los pupilos se presten a bailar otra vez así, ya no han de hacer esas cosas de juventud...