20

Hay noches en que tiemblan
-agua ciega, inestable- las paredes
de las casas. Cerradas noches
de la sangre en vigilia, de taladros
minuciosos de ascendente lumbre
torcida en caracol y sin descanso.
//
Las noches de esos días en que pájaros
que en invierno comen de la mano,
se quiebran combatiendo
su alambrada prisión; feroces, húmedos
en la cáscara ardiente de su oscuro
cuerpecillo insaciado.
//
Hay noches iracundas; hay las noches
en que esos mismos pájaros,
dormidos ya, vivos de muerte, cantan.
//
Y el canto yérguese, anhelando
como rabia de víbora; se yergue
con las fauces rabiosas muy arriba:
desjaulado, oscilante, estremeciendo
su marea de víboras; hinchando
una sonora nube emponzoñada;
rajando la panza de la nube,
y se deja rodar inquebrantable
como un sol giratorio, como lluvia
circular de relámpagos,
y sacude por dentro, hasta que gimen,
trajes, rincones últimos, vidrieras.
//
Hay las noches voraces en que el año
se viene encima con la furia
de su pesada primavera, en llamas
de sudor polvoriento;
//
cuando los perros encogidos abren
oculares violetas,
y el chillar de los gatos, prolongándose,
pone, en un vuelco, el corazón de punta.
Y las gentes. (¿Adónde, desde cuándo
en dónde estás, qué luz, qué está muriendo?)
//
Hay las noches de las casas inermes
en que no queda cerradura entera
ni puerta de ladrón a salvo.
//
Y la sangre y la sombra, con el canto
incontenible del dormido
y la oreja tendida del insomne.
//
Donde rezuma la presencia
de un rumor de rameras que en hoteles
involuntariamente gozan;
de entrelazadas piernas en calientes
cuartos de vecindad; de gritos
que en hospitales libran condenados
a muerte con dolor; de calabozos
que sigilan hombres que se tocan;
de sábanas suicidas.
Rubén Bonifaz Nuño
de Fuego de pobres [1961]

Comentarios

Entradas populares