19.9.08

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Las últimas dos semanas han sido de lo más irregulares, por no decir inestables, han pasado muchas cosas –o al menos así me parece– y supuestamente he estado ocupada con ellas, además no estaba con mucho humor para escribir, he estado más receptiva que expresiva, no por eso no pensaba en varios post que escribiría cuando tuviera disposición pero las ideas se han ido dispersando y esfumando, igual ya no me parecen tan buenas como para divagar al respecto. Solamente rescataré que protestaría ampliamente por la mala actitud que tiene la gente, en general, con los tristes, uno no puede ir llorando con soltura en la calle, en el autobús, en el café, en la central de autobuses, en cualquier lugar público, sin ser molestado, las miradas morbosas juzgan y especulan el por qué, cómo, cuándo, pocos miran igual que siempre y no entornan una expresión que denota un “pobrecito”, por qué cuando uno se va riendo no se te quedan viendo como diciendo “qué afortunado, se ve feliz”, quiero entender el porqué las personas tienen tantos problemas con que se esté triste –no alegaré sobre el ser triste, porque entonces nunca acabaría-, acaso al ver la tristeza en otro proyectan sus más nostálgicos dolores o temores, por qué lo triste siempre tiene que ver con el otro y necesariamente se pregunta –o especula– algo como: ¿terminaste con tu novio o te dejó? ¿se murió tu perro? ¿te peleaste con tu mamá? ¿-llénese.con.la.pregunta.de.su.preferencia-? por qué no se puede estar triste por uno mismo y ya, -¿por qué si estás triste y tienes las uñas pintadas de negro ya eres emo?-, deberían enseñar desde el kinder que la tristeza es vital, imprescindible… Y ahora, el nuevo video de Björk, que no es espectacular pero sale con Antony Hegarty –una buena voz para acompañar la tristeza, claro cuando canta con The Johnsons, porque con Hercules and Love affair es para bailar y bailar– cantando una de mis canciones favoritas del Volta. 'Dull flame of desire'. Enjoy!

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