A

FUE, en el principio, nuestro abrazo;
el centro mellizo e esa esfera
impenetrable que en la calle;
en medio de la gente, a solas
para nosotros, convocaste;
en torno de nosotros, únicos.
-----
Y en esa morada de silencios
entretejidos, en la calma
de aquella sorpresa compartida,
creímos los dos que era posible
lo que no puede ser. Y el tiempo
alargó la hora comprensiva.
-----
El abrazo nuestro, los silencios
incesantes, la morada nuestra.
Y creímos admitir la vida
al pensar que nos reconocimos.
_______
Rubén Bonifaz Nuño
Del templo de su cuerpo [1992]

Comentarios

Entradas populares