Me encantó mi expresso doble con cacao. Ya extrañaba todo lo que gira alrededor de ti, de tu imagen, de tu presencia, de tu invento, de tu existencia, de tu ficción. Luego de separarnos me bajé antes para caminar al centro de coyoacán, explorar nuevos caminos y ver qué tanto me ubico en esos rumbos, no sé cómo pero caminé y caminé hasta llegar a donde quería; me acordé de cuando tomamos café ahí un domingo y caminamos hasta Viveros, tú cantabas alguna canción popular y yo te la traducía al francés, nos reíamos mucho, después me decías palabras que yo no conocía y me las explicabas, regresábamos para que yo me fuera, aunque en el fondo quería quedarme más tiempo, aunque fuera horas, no quería irme... Ayer iba pensando: en lo bien que te ves disfrazado de ingeniero y en toda la psicópata cronología que te hice de todo lo que tuvo que pasar para que yo terminara conociéndote, tú prácticamente lo redujiste a algo demasiado simple, me sentí más obsesiva de lo que me sabía; en lo que querías que te contara y no te conté, y tal vez en otro escenario te habría contado abiertamente y con detalles, tal vez si no hubiera estado esa mujer en el café ni el encargado/mesero tan cerca, te lo habría confesado con detalles, no me hubiera quedado en: desde los cinco años...; en el café hippie perdido en plena Condesa y en todo lo demás; en lo que creía había perdido y recuperé, no sé si para bien o para mal, porque sospecho que me quedaré deseándolo tanto tiempo que volveré a perderlo; en todo lo que quedó postergado, especialmente algo que sólo tú tienes; en las palabras; en las no palabras; en cómo mentalmente te aspiré, apresé, tomé, [...] sentí, detuve, respiré, compuse, mordí, miré, bebí, [...] inventé, suspiré, recorrí, fragmenté, caminé, inhalé, repasé, adiviné, saboreé, supe, [...], reconstruí, admiré, coloreé, aprehendí, escurrí, [...] exhalé... No sé por qué, pero ahora me quedé más triste que nunca, tan triste que me puse a caminar sin rumbo a ver todo sin mirarlo, a repensar tus palabras, a descubrir asuntos en los que me veré relacionada quizás para siempre... Terminé por inercia en un café cualquiera, elegido al azar, en el que probé el peor expresso de mi vida, => al que le eché azúcar -en tu honor- para ver si mejoraba, pero terminé pagando sin terminármelo, le di a lo mucho dos tragos, eso me pasa por querer experimentar y probar nuevos lugares, no lo volveré a hacer, más vale viejo conocido. Me pregunto cuándo volverá a haber otro expresso compartido...

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