Hace no mucho platicaba con doña Ruda y dentro de la conversación me vino a la mente el siguiente fragmento pues venía mucho al caso, mi referencia en aquel momento fue muy burda y desordenada –estaba ansiosa–, así que lo transcribo, para que me entienda mejor, y de paso, confieso públicamente que pienso que la tal Etxebarria es la onda –ya sé que en España lo es desde hace mucho, pero qué se le puede hacer, a mí me ha llegado tarde–, obvio, no ganará un Nobel, no es la escritora más poética de su tiempo, pero es aguda, sexosa, entretenida, sus palabras tienen que ser leídas rápido porque si no se derraman del libro; me gusta cómo escribe –y qué–.

[…] Porque, de acuerdo con su experiencia –y Elsa podía alardear de su experiencia con conocimiento de causa, porque, según le había contado a Raquel, se había pasado media vida en terapia– los psicólogos y los psiquiatras siempre acaban intentando explicar el comportamiento humano en vano. –Lo que quiero decir, Raquel, es que creo que es absurdo intentar definir o prever los patrones de conducta de cada uno, porque cuando nos enamoramos, por ejemplo, no hay psicólogos ni psiquiatras que puedan explicar el fenómeno con exactitud. En realidad, empiezo a pensar que el amor es tan inexplicable como el sexo de los ángeles. De verdad, los psicólogos aplican teorías tan simples como los planos y contraplanos de este vídeo, y para intentar explicar las reacciones de los seres humanos tienden a echar mano de lugares comunes, de teorías que se suponen universales, de mitos jungianos o patrones freudianos o explicaciones lacanianas presuntamente aplicables a cualquier circunstancia vital. Pero en la vida real los lugares comunes no funcionan, no existe el absoluto ni los casos determinantes, porque la mayoría de las personas son demasiado complicadas como para que sus reacciones puedan explicarse en función de unas emociones predeterminadas. […] –Quiero decir –prosiguió Elsa– que, al contrario de lo que a ti y a mí nos han enseñado de pequeñas, hay personas bisexuales, personas a las que les excitan las infidelidades de sus amantes, personas con mayor y con menos deseo sexual, personas que se lo quieren hacer con una cabra o una gallina y personas incluso que sólo se excitan su degüellan previamente al objeto de su deseo. Esto es, que no puedes aplicar teorías elaboradas de antemano ante comportamientos que no entiendes, porque probablemente tu explicación fallará. Por eso fallan la mayoría de las parejas: porque esperamos que actúen según nos han enseñado. Y nunca lo hacen.

L. Etxebarria

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