de la melancolía... -relecturas y reflejos-

De entonces, tal vez, data el único sentimiento que siempre me ha animado y cuya validez nunca he puesto en duda: la melancolía. Muchos años después de que esta fuerza terrible se apoderara de mis emociones, leí en uno de los libros más bellos que se han escrito que la melancolía es una tristeza inexplicable y sorda que, como el amor, o más que éste, es capaz de hacer girar los mundos, y cuando miro hacia atrás, hacia lo que yo he sido, compruebo la verdad que encierra esta definición. Compruebo cómo Jack the Ripper y Jesucristo compartían ese estado de ánimo que transcurre en la luz más mortecina del alma y dentro del que es posible explicarse el mundo sin que por ello esa explicación tenga un significado. Yo creo que el grabado de Durero refleja justamente eso: la sensación de conocer la realidad, pero no su significado. Y como lo único que trasciende de nosotros mismos, lo único que es capaz de teñir el mundo exterior es el color de nuestras propias emociones, a partir del momento en que me percaté de la condición infinitamente vulnerable de nuestra apariencia, de nuestra concreción como partes constitutivas del universo, ese universo mismo se me volvió vulnerable, vulnerable a Dios, a los Stukas, a los chinos, a la locura, a la muerte, sin que por conocer su vulnerabilidad conociera yo su sentido. Y no es que la melancolía sea un sentimiento aniquilador. Muchas veces mueve a los hombres a la acción y a la violencia, a la creación y a la poesía. La liberación de Arabia y el exterminio metódico de una raza, la Sinfonía Coral y la tragedia del Rey Lear, ¿qué son si no la expresión de una desesperación que desespera de sí misma? Además, la melancolía, por inexplicable, es también incompartible. Se puede compartir la tristeza, la alegría, el amor, o cuando menos podemos aceptar la ficción o la convención de que los compartimos, pero la melancolía es demasiado exclusiva y está demasiado oculta en el fondo de nosotros como para que podamos extraer aunque sea una mínima parte de ella y mostrarla como se muestra una mercancía maligna a los presuntos compradores.
de Autobiografía precoz,
(evidentemente) Salvador Elizondo.

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