…De momento Ella bebe las palabras de Él, que la van llenando líquidamente por dentro, y le parece que su interior, encogido y reseco, se hincha y se redondea por momentos; y Elsa piensa que el amor debe de ser algo parecido a eso, a esa intuición de haber hallado otro que parece poseer ese algo que nos falta, que representa la posibilidad de rellenar los huecos propios. Pero ella sabe por propia experiencia que esos vacíos sólo puede llenarlos uno mismo, a no ser que acceda a anularse. Al escucharlo hablar, Elsa imagina en qué consiste la dulzura de la propia renuncia, de la autoinmolación, la narcótica tranquilidad de dejar que otro asuma las riendas de la propia vida. Por eso accede a dar un paseo por la playa, y da por hecho que, a la postre, va a acabar sucediendo lo que ha de suceder, y que va a ser con Él y no con otro, tal y como va a ser.

L. Etxebarría.

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