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Mis mini-vacaciones chilangas no podían terminarse sin que antes yo fuera al centro a darme una vuelta. El día gris y nublado -tequilero, pues- pintaba para caminar mucho y recorrer las calles que más me gustan, aprovechar y buscar un libro con los ensayos completos de Lezama Lima que desde hace mucho quiero regalarle a quelqu'un, pues ya lo dijo E.H. "Amor a quien amor merece." ... Así que salí temprano y me dirigí al metro azul más cercano en micro. Siempre me había dado un poco de miedo pues está rodeado de un tianguis y no me daba mucha confianza, pero al abordar ahí ahorraba mucho tiempo, además estaba más tranquila pues la antepenúltima vez que pasé por ahí noté un letrero en medio de los puestos que decía algo así como: Querido usuario, si lo asaltan pida ayuda; Asaltante, si robas te vamos a dar en la madre. Atte. Comerciantes de Tacuba... Entonces estaba yo alegremente viendo por las ventanas el ir y venir de la gente, cuando a unas cuadras cerca de la Casa de la Moneda, un güerito muy peculiar se subió al micro, iba con audífonos, mochila al hombro y una bolsa de regalo en la mano, pude notar de inmediato que era extranjero, lo confirmé cuando en su mochila vi una banderita de Canadá. El muchacho iba muy campante, viendo a todas las personas que se subían, moviendo los pies y la cabeza al ritmo de lo que escuchaba. Me pareció tan pero tan campante que me acordé de cómo en South Park se burlan de los canadienses. Llegamos al metro y todos empezamos a caminar muy rápido, él iba adelante de mí, en cierto lugar, a punto de llegar a la entrada, una pareja con su hijo iban caminando lento, el güero impaciente intentaba rebasarlos, volví a notar lo confiado y distraido que parecía, iba jugando con la bolsa del regalo, le daba vueltas, cuando por fin logró pasar a la pareja, yo quedé atrás de ellos porque no había tanta prisa, ya podría caminar más rápido en las escaleras. En eso vi a un fulanito con una playera de rayas verticales negras y blancas con un super tinte amarillo pollo sobre sus cabellos de púas. Se apresuraba hacia la entrada del metro, entonces mis ojos pudieron captar a otro fulanito -al que no vi bien porque no traía lentes- que se apresuraba paralelamente al otro, vi al güero en las escaleras bajando lentamente confiado, parecía hasta contento, bailando con la cabeza, solo, con la bolsa totalmente expuesta, y pensé: ahorita pasan estos dos corriendo y se la arrebatan; dos segundos después tomaron del brazo violentamente al güero y le sacaron una navajota, le preguntaron qué había en la bolsa y él asustado dijo: es sólo un regalo, entonces los asaltantes dudaron en quitarle o no la bolsa de regalo con papel china rojo, la dejaron y se apuraron a arrancarle el celular y huir, pues los que estábamos por entrar nos quedamos un tanto helados y entre que nos deteníamos y caminábamos despacio observábamos atónitos, asustados e impotentes, pasó por mi mente gritar o decir algo, pero la cordura se hizo presente, seguí bajando rápido las escaleras y corrí a los andenes, mientras veía al canadiense, igual de pazguato que antes hablando con un policía del metro... Nunca había visto un asalto, menos me ha tocado a mí, ahora tengo otra razón para ser más paranóica...

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