31.1.07

Conjetura

Sospecho que el que tuvo la idea de Paris je t'aime, leyó La Colmena, claro que además de ser una versión cinematográfica tiene sus tintes posmodernos [k]; no he podido decidir qué historia fue la que más me gustó, estoy entre varias, lo que sí puedo decir es que la de la gringa de Denver, me impactó, me provocó mucha risa, pero al mismo tiempo mucha tristeza, así como ella se sintió en París... Creo que sigo sin entender el de Madame Lee...

29.1.07

Salvajez

Todos
Los lunes
Descubro
Que llegué
Muy tarde
A mi
Fin
De
Semana
E.H.
Ya se terminó enero.
En mis sueños guajiros del año pasado, para estas fechas yo estaría haciendo mi examen profesional, o mejor aún titulada, jo.
El café que está frente a la catedral, es probablemente el mejor de todos los de esta cadena verde, pero me he preguntado siempre, por qué hay tantos viejitos hablando del aumento de la tortilla, del periodista que atacaron, de Calderón, de guaraguá... Por un momento me sentí en Morelia, aquella vez que fui por una semana y me la pasaba las mañanas en cafés rodeada de viejitos leyendo el periódico, fumando puros... Es como un déjà vu, en otra dimensión. (turururururururu)
Todos gritan y hay mucho ruido. No es como hace tres años cuando venía con Leo(u) a darle clases de español. O como hace dos cuando veníamos entre clases, todo tranquilo. Menos como hace uno (esa era buena compañía); Elsa y Fred acaban de sentarse en la mesa de enfrente, se ven más enamorados que en la película.
Por eso divago...

26.1.07

"El mundo está hundido en la mierda": Saramago [Zaz]

Madrid, 25 de enero. El Nobel portugués José Saramago regresó a su pueblo natal, Azinhaga, para rememorar los días de "hambre y frío" de su infancia, y descubrir cuáles son los orígenes del escritor de 84 años que hoy asume la vida con escepticismo, timidez y melancolía. En la presentación de la edición en español de su libro Las pequeñas memorias (Alfaguara), Saramago alzó la voz para señalar: "Estamos hundidos en la mierda del mundo y no se puede ser optimista; el que es optimista es estúpido o millonario, y le importa un pepino lo que ocurre a su alrededor.
"Sólo yo sabía, sin conciencia de saberlo, que en los ilegibles folios del destino y en los ciegos meandros del acaso había sido escrito que tendría que volver a Azinhaga para acabar de nacer". En esta frase, extraída del primer y único libro de memorias del Nobel, se resume el cariz con que Saramago afrontó la reconstrucción de su niñez, una época que, dice, es la única que importa en la historia de los hombres, pues en ella forja el carácter, filias y fobias de lo que somos después.
El año pasado, cuando inició la escritura del libro, fue particularmente difícil para la salud de Saramago: un hipo crónico y permanente le impedía dormir, le hizo perder peso y "estuvo a punto de matarme". En esas condiciones, el Nobel encaró sus recuerdos de infancia, la del niño de entre nueve y 15 años que se iniciaba a la vida en un pequeño pueblo rural de Portugal, inmerso en la pobreza y el hambre, y con el telón de fondo de una época convulsa: la Guerra Civil española, el nacimiento de las dictaduras de Hitler y Salazar, y la Europa de entreguerras.
El libro llega a México en febrero
Saramago reconoció que la idea de escribir Las pequeñas memorias le rumiaba desde hace dos décadas, cuando pensaba en volcar su memoria más íntima en un libro que iba a llamar El libro de las tentaciones. Cuando inició la escritura cambió de opinión y decidió ponerle el título actual, ya que "son memorias pequeñas, de un niño pequeño".
El autor explicó que estas memorias no son tal, sino "cosas que están ocurriendo ahora, como la pasión y el arraigo que siento por la naturaleza, por los animales, por el río que pasa, por la ascensión a los árboles o por la caza de renacuajos". Incluso la melancolía y la timidez con la que se mueve por el mundo, pues "si no hubiera vuelto a ese pueblo hoy sería otra persona; si tuviera la oportunidad de revivir todo aquello lo haría sin duda, tanto el hambre o el frío, porque esa sería la única condición para volver a ser quien soy".
Saramago recordó que fue educado por una "familia de analfabetos, que me inculcaron dolores", aunque también le ayudaron a forjar el carácter y el pensamiento que lo ha llevado a convertirse en uno de los grandes escritores contemporáneos.
"Todos están muertos. Mis abuelos, mis tíos y mis padres no dejaron nada tangible, estaban condenados a desaparecer, pero merced a estas memorias los he puesto de pie como si estuvieran vivos. Estaban muertos y yo les resucité. Inclusive, siento cierto temor por esta especie de poder taumatúrgico", señaló.
En el libro hay pasajes "muy duros", que le dolieron mucho, como la reiterada violencia que ejercía su padre sobre su madre o el bofetón que él mismo recibió en una ocasión. En México se venderá a partir del próximo 3 de febrero.

24.1.07

+

El domingo al pasar por los Sapos y notar que una mueblería había desaparecido y en su lugar estaba un local de burritos, alguien me dijo algo así como que no le gustaba que los lugares cambiaran. Curiosamente podemos pasar de largo sin fijarnos en los lugares, pero sabemos que están ahí, con algún recuerdo guardado, con anclas, pero cuando algo mínimo se mueve, se va, lo notamos de inmediato. Los lugares también guardan personas, o viceversa; cuando los lugares guardan personas, uno piensa que siempre van a estar ahí, y como con los lugares sucede, uno se pasa de largo sin ponerse a pensar en las personas. Como la mujer que preparaba la comida en el Italian de la catedral, un buen día ya no estaba, noté que había algo diferente, pero no sabía qué, y cuando pusieron su altar el día de muertos con su foto, ahí fue cuando tuvo sentido. Eso estaba en mi mente cuando ayer me enteré de que Don Fausto había muerto el domingo, me quedé pasmada, ya no habrá quien amorosamente le dé de beber al Yoloxóchitl, ni llene de plantas y flores el lugar, ni quién reafrime que cada vez hay más maleantes que adultos en el COLLHI, no habrá a quién gritarle cuando las llaves desaparezcan, ni con quien platicar casualmente de cualquier cosa, ni una cara familiar a la cual saludar porque el lugar está cada vez más lleno de desconocidos. Muy triste. Una pena.

18.1.07

Evadirse, v.r. Cambiar los peligros e inconvenientes de una residencia fija por la seguridad y comodidad de un viaje.
    A. Bierce